Universidade de Brasília – UnB
Depto. de Línguas Estrangeiras – LET
No. de Identificação da Disciplina: 146064
Instituto de Letras – IL
Professor: Dr. João Sedycias
Civilização Hispano-Americana

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Procedencia: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México

Los Mayas: Una Luz en las Selvas de Mesoamérica

"Cielo y tierra se unen en la imagen de la paz. Así el gobernante divide y completa el camino del cielo y de la tierra; él sustenta y regula los dones del cielo y de la tierra, y así ayuda a la gente".
Mercedes de la Garza

Los mayas crearon en la parte central del continente americano una extraordinaria cultura, que surgió, se engrandeció y declinó a lo largo de más de tres milenios, desde la fundación de los primeros poblados, hacia 1800 antes de Cristo, hasta el sometimiento gradual a la monarquía española, que se dio de 1524 a 1697 después de Cristo. La base del pensamiento maya se erigió en la armonía: creatividad y receptividad, cielo y tierra, vida y muerte, día y noche, masculino y femenino, bien y mal.

El Pueblo Maya

Los mayas fueron un extenso grupo uniforme, conformado por 28 etnias con diferentes lenguas, costumbres y trayectoria histórica. Todas compartían determinadas características físicas (rasgos mongólicos), lingüísticas y culturales, que hicieron que se consolidaran como un solo pueblo. De las 28 lenguas habladas, hoy en día alrededor de 6 millones de personas las practican.

Las más comunes son: la maya yucateca, quiché, cakchiquel, mam, chontal, tzotzil, pokomchí y k’ekchí. Estas lenguas forman un grupo lingüístico con un origen común, con diferencias propias, en donde cada una tiene su propia estructura gramatical.

Los grupos mayas se asentaron en un territorio continuo de casi 400,000 km2, que abarca los actuales estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Quintana Roo y partes de Tabasco y Chiapas, así como los países centroamericanos de Guatemala y Belice, y porciones occidentales de Honduras y El Salvador. Desde las perspectivas histórica y artística, la región maya se subdivide en: Área Norte, que comprende la mitad norte de la península de Yucatán; Área central, constituida por la región de El Petén, en Guatemala, Belice, parte de Honduras, Tabasco y parte de Chiapas; estas dos áreas son las llamadas "Tierras Bajas"; y Área Sur, en la que se integran las "Tierras altas" de Guatemala, partes de El Salvador y de Chiapas, así como la costa del Pacífico.

El Paisaje Natural

La cultura maya no puede ser comprendida al margen del extraordinario medio natural en el que se creó, con la extensa riqueza y variedad geográfica de su territorio.

Los símbolos minerales, animales y vegetales fueron fuente de inspiración en la religión y las creaciones artísticas; además, las fuerzas naturales, los valles y las montañas, inspiraron las ideas religiosas sobre el origen y la estructura del universo, así como la creación de los espacios sagrados, en el corazón de sus grandes ciudades.

Todo ello nos revela una relación de respeto y armonía con el mundo, una excepcional conciencia de la unidad hombre-naturaleza, de la unidad cósmica, que es medular en la cultura maya.

La diversidad de climas calurosos y húmedos con selvas de inmensos árboles, la gran precipitación pluvial y las extensas regiones pantanosas forman parte integral del habitat de las regiones mayas.

Además de los climas fríos, cadenas montañosas de origen volcánico, con picos de hasta 4000 m. de altura, grandes lagos y espesos bosques. Caudalosos ríos como el Grijalva y el Usumacinta, que atraviesan la región; y a la vez (en el norte de la península de Yucatán) se encuentran regiones planas, casi sin ríos ni lluvias y con vegetación pobre, pero con innumerables corrientes y depósitos de agua subterráneos que los mayas llamaron dzonot (cenotes) y que fueron los principales recursos acuáticos de los habitantes.

La variedad animal de la región era sorprendente. Actualmente subsisten felinos, diversas especies de monos, venados, jabalíes, dantas o tapires y otros mamíferos. Las selvas cuentan con una población de innumerables especies de insectos, aves y reptiles.

Para los mayas, el jaguar, equivalente al tigre americano; el quetzal, considerado como el ave más bella, y la imponente serpiente cascabel tropical, fueron animales que se consideraron por excelencia, símbolos de lo sagrado.

Periodo Preclásico: Los Orígenes de la Cultura

Para el conocimiento de este periodo, que abarca de 1800 a.C. a 250 d.C., sólo se cuenta con fuentes arqueológicas que muestran a la cultura maya con semejanzas a las otras culturas mesoamericanas.

En el Preclásico las poblaciones se agrupaban por familias que constituían aldeas con pocos habitantes, y las casas eran chozas de lodo con paredes de troncos y techos de palma. La base de la economía era la agricultura junto con la caza, pesca y recolección; era una economía mixta.

La agricultura se estableció con cuatro productos básicos: maíz, frijol, calabaza y chile. Aparecieron algunas formas de riego, aunque fundamentalmente los cultivos dependían de las lluvias. La cerámica, que apareció hacia el 2500 a.C., fue una de las creaciones más importantes, un avance tecnológico en el almacenamiento y la preparación de los alimentos.

En el periodo Preclásico los intercambios comerciales en todo el territorio mesoamericano fueron constantes. No contaban con animales de carga ni de tiro, no crearon vehículos con ruedas y, con excepción del grupo tarasco, no fabricaron armas e instrumentos de metal, sino de piedra pulida. Los recorridos siempre se hicieron a pie por vías terrestres, llevando a veces a los personajes principales en palanquines, o empleando pequeñas embarcaciones por vías fluviales o marinas.

Dentro de la cerámica, los diversos grupos mesoamericanos realizaron figurillas de barro como expresión de la vida cotidiana y los conceptos diversos que representaban los modelos humanos; la diferenciación social a través de las formas de vestir, las costumbres para modificar la apariencia física como la deformación craneana, la pintura corporal, el tatuaje, el rapado y la mutilación dentaria.

Asimismo las figurillas expresaban también algunas concepciones religiosas, como el culto a la fertilidad, simbolizado en imágenes de mujeres desnudas con las manos sobre el vientre, los senos y las caderas exageradas y la exaltación del sexo. Además existieron figurillas que parecían representar guías religiosos, como los chamanes.

Sobre la muerte del espíritu y los ritos funerarios se han encontrado diversos tipos de enterramientos, que nos revelan las ideas y costumbres de los pueblos mayas. En las sepulturas se utilizaba el polvo de cinabrio, (mineral compuesto de azufre y mercurio) y de hematites, de color rojo oscuro, ya que para los mayas, el color rojo simbolizaba el renacimiento a una vida después de la muerte corporal.

Con el incremento de la agricultura se dio un aumento de población y se crearon los centros ceremoniales, caracterizados por ser construcciones específicas para el culto religioso. Se estableció una jerarquización de la sociedad y la división del trabajo.

La especialización artesanal tuvo grandes desarrollos, así como actividades más libres como la escritura, el arte manual, el arte plástico y el cultivo de las "ciencias" y la observación que no correspondían a la necesidad material inmediata. Surgieron los mercaderes y el desarrollo del comercio, que sería el medio de comunicación más importante entre los diversos grupos mesoamericanos. Se implantó el paso de sociedades aldeanas de carácter igualitario a otras sociedades más complejas que dieron lugar a los grandes estados con sociedades estratificadas, que caracterizaron al periodo Clásico en toda el área mesoamericana.

En el periodo Preclásico se estructuraron los rasgos que darían un carácter propio a la cultura maya, con diversas influencias de otros grupos mesoamericanos, como los olmecas de la costa del Golfo de México y los creadores de la Cultura de Izapa, en la porción sur de la propia área maya. Izapa fue un gran centro ceremonial de los últimos tiempos del periodo Preclásico, en donde se encontró "un gran arte escultórico" con influencia olmeca, y con rasgos a la tradición maya.

Los motivos esculpidos en las estelas y altares eran el antecedente de los principales símbolos de la religión maya: dragones, cocodrilos, seres surgiendo de las fauces de grandes serpientes, deidades antropomorfas con rasgos animales, así como el dios de la lluvia portando su hacha que simboliza el rayo.

Periodo Clásico: El Crisol de la Cultura

En Mesoamérica no existen fuentes escritas sobre este periodo, por lo que el conocimiento principal lo ha proporcionado la arqueología. Existen textos mayas esculpidos y pintados, que se han identificado como cronológicos, astronómicos e históricos, aunque no son la fuente principal para el conocimiento de los mayas, pues están realizados en su compleja escritura jeroglífica, que aún está en proceso de descifre. El Clásico, que abarca del siglo 250 d. C. al 900 d.C., se caracteriza por un notable florecimiento cultural.

En toda la región maya se construyeron numerosos asentamientos humanos y grandes centros ceremoniales y políticos, además de los edificios claramente destinados al culto, y construcciones que servían para actividades administrativas, sistemas de drenaje y aprovisionamiento de agua potable. Numerosas casas habitación que muestran los distintos estratos sociales, mercados, plazas y otras edificaciones, que revelan una estructura de poder religioso y civil muy bien organizada.

En este periodo aumentaron las relaciones con los diversos pueblos de Mesoamérica, como los teotihuacanos, cuya influencia llegó hasta Tikal en Guatemala, y se consolidaron los estados dirigidos por familias de linaje ilustre, con una organización política estrechamente vinculada con la religión.

Entre los distintos estados mayas se dio en el periodo Clásico una gran interacción, no sólo de comercio y de vínculos matrimoniales y pacíficos, sino también de guerra y de sometimiento.

Se incrementó la agricultura, favorecida por sistemas de riego, y se cultivaron, además de las plantas alimenticias, productos comerciales, como el cacao y el algodón. Para complementar la dieta, siguieron practicando la caza, la pesca y la recolección.

En el terreno tecnológico, continuaron trabajando la piedra; elaboraron, con excelente técnica, armas, instrumentos, adornos y objetos para el culto, como máscaras funerarias y figurillas de dioses en obsidiana, sílex, jadeíta y otras piedras duras.

Trabajaron la cerámica, tanto doméstica, como ritual, bellamente policromada, y la elaboración de figurillas, que logró un alto grado de perfección en las principales ciudades.

En la organización social se produjeron importantes cambios en el periodo Clásico, propiciados por la división del trabajo y la especialización artesanal. Se consolidó una estratificación social, encabezada por los sacerdotes y gobernantes; jefes militares y comerciantes del más alto rango que pertenecían también a esta clase noble.

Bajo ellos estaban los administradores y ejecutores, los artesanos especializados, arquitectos y escultores.

En los estratos más bajos se situaban aquellos que producían los alimentos y las materias primas, y realizaban los trabajos pesados: agricultores, cargadores, sirvientes, soldados y esclavos.

En este periodo también se consolidó una compleja estructura religiosa, y la definición de diversas deidades y ritos comunes a los distintos grupos, con una sola concepción religiosa con variantes formales.

Se produjo un arte plástico extraordinario, con notable variedad de estilos originales en cada región y los grupos mayas del área central alcanzaron la cúspide intelectual de Mesoamérica al desarrollar una compleja escritura, una matemática excepcional entre las culturas antiguas del mundo, un extraordinario sistema de cómputo del tiempo, notables conocimientos astronómicos y una historiografía que revela su profunda conciencia histórica.

Entre los múltiples sitios que florecieron en el periodo Clásico destacan; en el centro del área maya, ciudades de la región de El Petén, como Tikal, Uaxactún, Río Azul y Calakmul; de la cuenca del río Usumacinta, floreció Palenque, Toniná, Yaxchilán, Piedras Negras y Bonampak; de la cuenca del río Motagua, se encuentran Copán y Quiriguá.

En el área sur destacan Kaminaljuyú y Chinkultik. Y en el área norte, Edzná, Dzibilchaltún, Ek Balam, Oxkintok, Cobá, Uxmal, Kabah, Sayil y Chichén Itzá.

Periodo Posclásico: Nuevos Hombres, Nuevos Tiempos

Entre los siglos VII y X d.C. se produjeron intensos movimientos de los pueblos en todo el territorio mesoamericano, que aunados a profundos cambios socio-políticos, y culturales en general, ocasionaron el fin de las sociedades clásicas y dieron lugar a un periodo que se ha denominado Posclásico.

Aunque hubo un incremento del militarismo, no se dio propiamente un paso de sociedades teocráticas a sociedades militaristas, ya que la guerra existió desde el periodo Clásico, al igual que la asociación de los mandatarios con las fuerzas sagradas, que les daban el poder de gobernar, así como la fuerza del grupo sacerdotal, los cuáles se mantuvieron hasta la llegada de los españoles.

Desde el periodo Clásico en el mundo maya, los gobernantes fueron considerados como seres sacralizados, grandes chamanes, y al mismo tiempo poderosos guerreros, como lo muestran sus retratos en piedra y en pintura mural, así como las inscripciones que los acompañan.

Periodo Posclásico

El Posclásico en el área maya abarca del 900 d. C. a la llegada de los españoles. En 1524 fue conquistada Gumarcaah, la capital del imperio quiché en el área sur. Entre 1527 y 1546 sucumbió la península de Yucatán ante la invasión española y la ciudad de Ta Itzá, en las selvas del Petén fue conquistada hasta 1697.

Los principales acontecimientos del Posclásico fueron recogidos en documentos españoles y en textos indígenas escritos con caracteres latinos en los primeros momentos de la colonización española, por lo que se conoce mejor su historia. En el área maya, hacia el siglo IX, después del florecimiento cultural del periodo Clásico, se desencadeno un proceso histórico que se denomino "colapso maya" en donde se manifestó la secesión de las actividades políticas y culturales de las grandes ciudades del área central, y muchas de ellas fueron abandonadas.

Se desarrollaron crisis agrícolas, ruptura del equilibrio ecológico y hambrunas, que acarrearon graves conflictos políticos dentro de los Estados, entre unos y otros. Según especialistas, existen múltiples evidencias arqueológicas, de revueltas campesinas en las grandes ciudades que eliminaron a los linajes gobernantes; y con ello surgió la descomposición de la estructura política dando como resultado la desaparición de las ciudades bajo la espesa selva.

Las transformaciones de ese momento dieron como resultado, el establecimiento previo de relaciones mayas con ciudades de la costa del Golfo (como El Tajín) y del Altiplano Central (como Cacaxtla y Xochicalco). Contrariamente a lo que ocurrió en el área central, donde no volvió a florecer la cultura maya, en las áreas norte y sur se produjeron profundos cambios influidos por la llegada de diversos grupos extranjeros, y un nuevo auge cultural.

En el norte de la península de Yucatán, un factor determinante del cambio fue la llegada de grupos procedentes de la costa del Golfo de México, como la Chontalpa en la Laguna de Términos, que se establecieron en sitios, como Chichén Itzá, ciudad fundada por el linaje de los Itzáes, y Mayapán, gobernada por los Cocomes. Otro linaje famoso de ese momento fue el de los Xiúes, extranjeros que se establecieron en Uxmal.

Durante estos siglos se intensificaron los contactos entre los diversos pueblos, el comercio tomó un papel central en la vida maya y se crearon emporios comerciales como el de los chontales o putunes, extranjeros llegados de la costa del Golfo de México.

Asimismo, perdieron su carácter sagrado muchas actividades, debido a la predominancia de los intereses pragmáticos.

De este modo, se introdujeron nuevos dioses y cultos; disminuyó el cultivo de la ciencia, y surgieron nuevos estilos artísticos que dieron un gran florecimiento reflejado principalmente en la ciudad de Chichén Itzá, cuyo cenote sagrado fue uno de los grandes centros de peregrinación a donde acudían grupos de toda el área maya.

Después de diversas luchas por el poder, hacia el año 1200 d.C., Chichén Itzá y otras importantes ciudades fueron conquistadas por Mayapán, centro que dominó la región hasta su caída en 1441.

Según datos de la arqueología, la ciudad fue incendiada y el linaje de los Cocomes fue aniquilado. Las ciudades principales fueron abandonadas y se fundaron nuevos asentamientos que constituyeron las "provincias" halladas por los españoles.

La conquista del norte de la península de Yucatán no fue tan dramática y violenta como la de Tenochtitlán en México, y la de Gumarcaah en Guatemala. Constantes guerras habían conducido a una decadencia cultural, y entre 1527 y 1546 la región cayó en manos de los españoles.

En cuanto a la historia posclásica de las Tierras Altas, en el sur del área maya, se registro la llegada de diversos grupos extranjeros procedentes de la costa de Golfo y del Altiplano Central, que modificaron el proceso histórico.

Después de la conquista, los quichés narraron su historia en múltiples textos, principalmente el Popol Vuh o "Libro de la comunidad", escritos en su lengua, pero empleando caracteres latinos. Ellos crearon un poderoso estado militar que sojuzgó a las otras etnias, como los cakchiqueles y los zutuhiles. Tuvieron fuertes contactos con los mexicas del Altiplano Central, a quienes rendían tributo, y a la llegada de los españoles, su ciudad tuvo un fin violento en 1524, como la caída de Tenochtitlán, para los mexicas, a sólo tres años de la conquista.

En cuanto a la organización social, las fuentes revelan los nombres y actividades de los estratos. En las distintas regiones los grupos recibían diferentes nombres.

Por ejemplo, entre los mayas yucatecos, a la cabeza de la sociedad estaban los almehenoob, "hijos de alguien" (nobles o hidalgos), gente de linaje ilustre, destinados por decreto divino a gobernar sobre los demás, ya fuera con el mando político, con el poder religioso o con la fuerza de las armas.

Los gobernantes, llamados Halach uinicoob, "hombres verdaderos"; los sacerdotes, Ahau can, "señor serpiente" y Ah kinoob, "Los del Sol", entre otros; los jefes guerreros o Nacomes, y tal vez los grandes comerciantes, arquitectos y dirigentes de las escuelas de escultores, lapidarios, ceramistas y pintores, pertenecían a la clase privilegiada.

Bajo ellos estaban los Ah chembal uinicoob, "hombres inferiores", el pueblo, los hombres sin hidalguía, constituidos por varios grupos, también ordenados jerárquicamente, de acuerdo con su actividad: cargos políticos y administrativos menores, albañiles, artesanos y otros especialistas, y en la base, campesinos, cargadores y peones que realizaban los trabajos esenciales para la sobrevivencia material del grupo.

Existió la esclavitud, pero muy limitada; los esclavos se empleaban en el servicio doméstico y como víctimas del sacrificio en los ritos. Los Ah chembal uinicoob constituían la clase materialmente productiva, que permitió a los nobles realizar las altas creaciones intelectuales y artísticas.

Por eso, en los imponentes vestigios artísticos y literarios que se conservan de los mayas, están también eternizados esos "los hombres inferiores".

Cosmogonía o Creencias sobre el Origen del Universo

Según los mitos mayas, la creación del cosmos no fue un sólo acto que ocurrió en un tiempo remoto, sino un proceso continuo como los ciclos de la naturaleza. Siempre creyeron que el universo se estaba construyendo y destruyendo constantemente por la acción de energías sagradas o deidades, por lo que se creo una cadena de ciclos o eras cósmicas, en las cuales han existido distintos tipos de hombres.

La idea central de estos mitos fue concebir al mundo con la finalidad de servir de habitación a un ser consciente, capaz de reconocer, venerar y alimentar a sus creadores, para que ellos pudieran seguir infundiendo vida al cosmos; el ser del hombre, que ocupa el puesto central del cosmos.

El mito de origen más destacado es el del grupo quiché, contenido en el Popol Vuh. Este mito fue compartido por otros grupos mayances de Guatemala y Chiapas, quienes lo han conservado hasta hoy, con algunas variantes. En el tiempo primordial, cuando sólo existían el cielo y el mar, los dioses creadores, Padre y Madre, decidieron la aparición del hombre y el mundo. Dioses con diferentes nombres, y con distintos atributos, que se identifican con algunos animales, principalmente con una serpiente emplumada, símbolo del dios supremo celeste y creador, llamada Gucumatz, "Serpiente Quetzal".

Los dioses creadores, por medio de la palabra, hicieron emerger la tierra y los seres que la habitaban: árboles, plantas y animales. Los animales fueron interrogados por los dioses para saber si podían reconocerlos y venerarlos, pero no fueron conscientes ni supieron hablar. Entonces los dioses formaron, en sucesivas etapas o edades cósmicas, hombres de barro y de madera, que no respondieron a sus deseos. Los de barro fueron destruidos por un diluvio de agua y los de madera se transformaron en monos, que vivieron en su mundo hasta la llegada de un diluvio de resina ardiente que los desapareció.

Finalmente, los creadores encontraron la materia sagrada: el maíz, que mezclado con sangre de serpiente y de tapir, - animales sagrados que simbolizan principios vitales del cosmos -, dieron como resultado al hombre requerido.

Un hombre consciente de los dioses y de sí mismo, como sustentador de ellos. Cualitativamente distinto de los anteriores y mantenedor de los dioses por llevar en su propia constitución física los elementos sagrados: maíz y sangre de los dioses, que le dieron la conciencia. En este extraordinario mito cosmogónico, estructurado y completo del mundo mesoamericano, se expresó claramente la idea del hombre que mantuvieron los pueblos, en el cual se basa toda su cultura.

El hombre es el ser creado con la misión de sustentar y venerar a los dioses, y el mundo es su habitación. Sin el hombre los dioses perecen y sin los dioses, el universo entero muere.

Entonces el hombre deberá alimentar a los dioses con diversas sustancias sutiles: humo de copal, aroma de flores, olores de frutos y alimentos cocinados, pero principalmente, con la energía sagrada que los dioses emplearon para crearlo, su propia sangre, donde reside el espíritu o energía vital. Así, en los mitos cosmogónicos se explica también el sacrificio humano y se da su justificación.

Según el mito del Popol Vuh, en épocas cósmicas anteriores aparecieron soles que, como los hombres, eran falsos; el de la segunda edad fue destruido por dos héroes que se transformaron en el Sol y la Luna de la última edad: Hunahpú (Sol diurno) e Ixbalanqué (Sol nocturno o Luna).

Con la aparición del Sol y la Luna verdaderos culminó la creación del mundo. El movimiento del Sol, dió lugar al tiempo "histórico", se inició cuando los hombres ofrecieron a los dioses sacrificios humanos para alimentarlos. Estas creencias cosmogónicas, recogidas en los textos indígenas, escritos después de la conquista española, ya existían en el periodo Clásico, como lo revelan las lecturas interpretativas de los textos jeroglíficos conservados en varias ciudades mayas, como Cobá y Palenque. En ellos se asentó que el mundo fue creado por el Primer Padre y la Primera Madre en el día 4 Ahau 8 Cumkú, fecha que en el calendario gregoriano corresponde al 13 de agosto de 3114 a.C., y que funcionó como "fecha era", o punto de partida, en los cómputos calendáricos. Los textos se acompañaban con imágenes en relieve del dragón, símbolo del dios supremo creador, que equivale al Gucumatz del Popol Vuh.

En la actualidad, las mismas creencias sobre el origen del mundo han sobrevivido en muchos grupos mayances, como los tzotziles, los tzeltales, los lacandones y los mayas yucatecos, lo cual corrobora que en la época prehispánica el mito fue común a los diversos grupos mayances, y confirma la persistencia por largos periodos de las creencias básicas de una comunidad, en muchos pueblos del mundo.

En cuanto a la estructura del cosmos, no puede entenderse en el mundo mesoamericano la idea de tiempo separado del espacio, porque espacio y tiempo no son dos aspectos distintos: el tiempo no es otra cosa que el movimiento del espacio. En el pensamiento religioso universal hay dos grandes cauces en los que se inscriben las ideas sobre la temporalidad:

  1. En el primero se encuentran las religiones orientales y mesoamericanas, que conciben a la temporalidad como un movimiento cíclico.

  2. Dentro del segundo se encuentran las religiones judeo-cristianas que consideran la temporalidad como un transcurso lineal.

El mejor ejemplo de la concepción cíclica del tiempo de los pueblos mesoamericanos son los mitos del origen del cosmos, en los que el mundo se ordena y se desordena cíclicamente. Los mayas destacaron por una excepcional conciencia de la temporalidad. Concibieron el tiempo como el cambio cósmico producido, en esencia, por el movimiento del Sol.

El tránsito del Sol fue captado como un movimiento circular alrededor de la tierra, que determinó los cambios que en ella ocurren; razón por la cuál, el tiempo se pensó como un movimiento cíclico. Este movimiento siguió leyes estables, como se manifestó en la regularidad de los ciclos naturales, de modo que el tiempo es el orden, la racionalidad y la permanencia del cosmos.

Como lo revelan los textos indígenas coloniales, el universo está conformado por tres grandes ámbitos en sentido vertical:

  1. el cielo, dividido en trece estratos
  2. la tierra, imaginada como una plancha cuadrangular
  3. el inframundo, conformado por nueve niveles

El cielo se subdivide en trece niveles horizontales y se imaginó como una pirámide escalonada, que se asienta en el nivel terrestre. También es considerada la montaña sagrada. Entre los mayas yucatecos el cielo era regido por Oxlahuntikú, "Trece dios", una deidad que es una y trece simultáneamente. Existen otros dioses de los distintos estratos y en el nivel más alto reside el dios supremo, principio vital del cosmos, el dragón Itzamná, que se denomina también Hunab Ku, "Dios Uno".

Los basamentos piramidales escalonados que se construyeron en la mayoría de las ciudades, y que tienen una escalinata que conduce a la parte superior, donde se encuentra el templo son símbolos del cielo y la montaña sagrada. Varios de estos basamentos tienen precisamente trece niveles, como el del Templo de la Cruz de Palenque, dedicado precisamente al dios celeste creador. Los mayas imaginaron la tierra como una plancha plana cuadrangular, dividida en cuatro sectores o regiones, también cuadrangulares, idea que deriva de la observación de la trayectoria solar y que los mayas compartieron con los nahuas y con muchos otros pueblos antiguos del mundo.

Las cuatro regiones correspondían a las cuatro "casas" del Sol. Dos en el Este y dos en el Oeste, puntos intercardinales que representaban los extremos que el Sol alcanzaba sobre el horizonte durante el año, los cuales correspondán a los equinoccios y los solsticios.

Cada región tenía como símbolos un color, una ceiba (enorme árbol con el tronco muy recto con una gran fronda horizontal) con un ave posada sobre ella, un tipo de maíz, un tipo de frijol y diversos animales. Las ceibas sostenían el cielo al lado de dioses con forma humana o animal llamados Bacabes, que también fungían como ordenadores del mundo.

Tanto ceibas como pájaros eran del color de la región: negro para el oeste, blanco para el norte, rojo para el este y amarillo para el sur. Otros dos puntos esenciales en la cosmología maya son: el más alto en el centro del cielo, el cenit, y el más bajo en el centro del inframundo, el nadir.

Estos dos puntos eran los dos extremos del eje vertical del mundo, por lo que el centro de la tierra, por donde pasa el eje, era el centro del universo, la quinta dirección, el punto de unión entre el cielo, la tierra y el inframundo. Para los mayas el inframundo constaba de nueve niveles, concebidos como una pirámide invertida, símbolo de caverna, vientre de la gran madre tierra.

En el estrato más bajo o Xibalbá, "Lugar de los que se desvanecen, residía el dios de la muerte, Ah Puch, "El descarnado". A está región era donde iban los espíritus de los muertos, para integrarse a la energía de muerte. Como en el caso del cielo, algunos basamentos piramidales también representaron el inframundo, como el Templo de las Inscripciones de Palenque, que tiene nueve niveles, y bajo el cual se halló la suntuosa sepultura del Señor Pacal, a la que actualmente se accede desde lo alto por una escalera interior abovedada, del mismo modo que los espíritus de los muertos debían recorrer los nueve estratos para llegar al Xibalbá. Así, el universo tenía en el pensamiento maya la forma de un romboedro.

Otra imagen simbólica del nivel terrestre fue un cocodrilo o lagarto que flotaba sobre el agua y sobre cuyo dorso crecía la vegetación. Los mayas yucatecos lo llamaban Itzam Cab Ain, "Dragón-tierra-cocodrilo". El inframundo era el vientre de ese monstruo, por lo que además de ser el sitio de la muerte, contenía semillas de nueva vida.

Las cuatro regiones celestes y las infraterrestres, eran los cuatro lados de las pirámides, que compartían los colores de la tierra. En las cuatro regiones celestes se ubicaban los Itzamnáes o Dragones, que eran la cuadruplicación del dios supremo; además de cuatro Chaques, o dioses de la lluvia y cuatro Pahuahtunes, deidades de los vientos.

En el inframundo hay cuatro caminos, de los cuales el negro conduce directamente al Xibalbá. El símbolo maya más importante del eje del universo es una gran ceiba verde, la "Gran Madre Ceiba", que atraviesa los tres niveles cósmicos: sus raíces se hunden en el inframundo y su fronda penetra en los cielos. Es por ello el punto donde se fusionan el espacio y el tiempo. Sobre ella se posa el pájaro verde-azul o quetzal, con cabezas de serpiente en las alas, símbolo del dragón, dios supremo.

El Ritual

Por la idea maya de que sin la acción ritual del hombre los dioses morirían y, con ellos, el universo entero, la vida humana estaba dedicada principalmente al servicio de los dioses. Cada ciudad maya tenía en el centro su ámbito ceremonial, donde se llevaban a cabo los grandes ritos comunitarios.

Todos los ritos tenían en común ceremonias propiciatorias, como la abstinencia sexual, el insomnio, el ayuno, los baños, las sangrías y el cambio de vestiduras, entre otros. Asimismo, se sacralizaban el lugar y los objetos que se usarían para el rito, y se buscaba un día propicio en el calendario adivinatorio de 260 días. Después de la purificación se hacían los ritos principales en donde se pronunciaban oraciones, se hacían sahumerios con resina de copal, danzas, cantos, representaciones dramáticas de los mitos y la historia de los antepasados ilustres, que eran venerados. Se ingerían comidas especiales de maíz, cacao y carne de perro o de pavo, principalmente, así como bebidas alcohólicas sagradas y, como parte central, se hacían ofrendas y sacrificios de animales y de seres humanos para alimentar a los dioses.

Los ritos centrales eran grandes, además de las complejas ceremonias públicas relacionadas con los periodos calendáricos, como los de Año Nuevo, presididas por los sacerdotes principales. Se llevaban a cabo ritos de fertilidad, gremiales, iniciáticos, de adivinación y curación, y ritos del ciclo de vida, como embarazo, nacimiento, infancia, pubertad, matrimonio y muerte.

Estos últimos señalaban los cambios del individuo y de su función social. Las ceremonias mortuorias en particular eran muy importantes, porque ayudaban al individuo en el último gran cambio de su vida. Los mayas creían en la inmortalidad del espíritu. El lugar de destino en el más allá dependía de la forma de muerte y no de la conducta moral en la existencia corpórea. La mayoría de los espíritus iba al Xibalbá, donde se integraban a la energía de muerte.

Pero mientras descendían a través de los nueve niveles permanecían "vivos", por lo que debían ser alimentados y protegidos con agua, comida, amuletos y los objetos que habían usado en vida. Los cuerpos de los grandes señores portaban sus joyas, una máscara de jade para conservar la identidad y una cuenta de jade dentro de la boca, que recogía y preservaba el espíritu. En sus suntuosas sepulturas también iban "acompañantes": esclavos y mujeres a los que sacrificaban en el funeral.

Uno de los principales ritos, que realizaban los propios gobernantes, fue el juego de pelota, que simbolizó la lucha de contrarios cósmicos que hacían posible la existencia. A veces esos contrarios eran el Sol y la Luna, o sea, las fuerzas diurnas y las fuerzas nocturnas; otras, la lucha de los dioses del inframundo, que representan la muerte, contra los dioses astrales de la vida. Pero el juego siempre estaba relacionado con los astros y con la guerra sagrada, por su sentido de oposición de contrarios.

El juego se acompañaba de procesiones y ceremonias de decapitación de algún prisionero o esclavo. La cabeza simbolizaba al astro, a la pelota, y en ceremonias de fertilidad, a la mazorca de maíz. El rito del juego de pelota, que imitaba el movimiento de los astros en el cielo, tuvo un sentido de magia simpática, ya que al realizarlo, se propiciaba mágicamente dicho movimiento y, con él, la continuidad de la vida.

La Ciencia de los Mayas

Los pueblos mesoamericanos cultivaron diversos conocimientos, a partir de la herencia que les legaron los olmecas creadores de la primera gran civilización en esa área cultural. Los grandes "científicos" distinguidos de Mesoamérica, que desarrollaron y transmitieron los conocimientos matemáticos, astronómicos y de cronología a los otros grupos, y que consolidaron el sistema calendárico que parcialmente usaron los demás pueblos, fueron los mayas.

Desde el Preclásico los mayas empezaron a emplear la numeración y a estructurar la escritura jeroglífica, que, combinando glifos ideográficos (representación simbólica del objeto o de un concepto) con fonéticos (signos que representan sonidos) llegaría a ser la |escritura más avanzada de América. Los mayas fueron los inventores de la matemática, ya que crearon sus fundamentos: el uso del cero y el valor posicional de los signos, antes que cualquier otro pueblo en la historia.

El sistema de numeración, fue vigesimal. Se dio a conocer en las obras plásticas del periodo Clásico, asociado siempre a textos calendáricos. Hubo tres formas de representar los números: con puntos y barras, con cabezas antropomorfas y con figuras humanas completas. En el sistema de punto y barra, con valores de uno y cinco, respectivamente, inventaron un tercer signo, que representaban en forma de una concha o caracol, con valor nulo, que se equiparaba al 0, lo que muestra que ellos emplearon esos signos con valor posicional, correspondiendo el 0 a la posición vacía.

Por ejemplo, un punto en primera posición vale 1, pero si agregamos un cero en la primera posición, el punto en la segunda vale 20, de acuerdo con el sistema vigesimal.

Las posiciones se escriben de abajo hacia arriba o de derecha a izquierda. El sistema matemático maya permite inscribir cantidades hasta el infinito, su concepto cíclico del tiempo, basado ante todo en el ciclo solar, expresa que lo concibieron como infinito. Realizaron una compleja sistematización del tiempo con base, en la idea de que los ciclos retornan, como los de los astros y los de la vegetación.

Midieron con asombrosa exactitud el ciclo del Sol; su calendario solar, denominado Haab, es el más exacto que se ha creado, pues sólo tiene un error de 17.28 segundos, en relación con el "año trópico"; se divide en 18 meses de 20 días, más 5 días considerados como "sobrantes".

También conocieron la trayectoria lunar, y fijaron el ciclo con un error de 23.328 segundos, creando un calendario en el que alternaban meses de 29 y de 30 días.

Computaron asimismo, con sorprendente precisión, el ciclo de 584 días del planeta Venus, al que denominaron Nohok Ek, "La Gran Estrella", con un error de un día en 6000 años. Por otra parte, descubrieron la periodicidad de los eclipses solares por lo que los podían predecir. Los mayas medían la trayectoria aparente de los astros, pues pensaban que todos se movían alrededor de la Tierra, y sus métodos de observación eran, por ejemplo, sentarse siempre en el mismo punto y mirar hacia otro punto fijo en el horizonte, con la ayuda de dos varas cruzadas. En diversos sitios mayas se han descubierto edificios y estelas alineados con las trayectorias astrales, así como varias construcciones específicas para la observación astronómica, como "El Caracol" de Chichén Itzá.

A un ciclo natural desconocido correspondía otro calendario maya, que se usó en combinación con el solar. Fue esencial, pues regía la vida de cada individuo y todas las actividades, tanto rituales como cotidianas. El almanaque de 260 días, se empleó por todos los grupos de Mesoamérica, desde la época prehispánica hasta el tiempo actual. Era usado por los sacerdotes para hacer los horóscopos individuales y para determinar los días en que se debía realizar cualquier actividad, como sembrar o realizar una boda.

Está formado por la combinación de 13 números con 20 signos, que dan 260 días; por ejemplo, cuando el número 4 vuelve a coincidir con el signo Ahau, habrán transcurrido los 260 días del ciclo. La combinación de este almanaque ritual con el calendario solar de 365 días, constituyó un gran ciclo que los estudiosos llaman "Rueda Calendárica".

El ciclo es de 18, 980 días, es decir, 73 ciclos de 260 días y 52 años solares, y se cumplía cuando un día en los dos calendarios se repetía. Por ejemplo, 4 Ahau, 8 Cumkú. Este ciclo fue el lapso mayor que emplearon los otros pueblos mesoamericanos para medir el tiempo.

Los mayas fueron mucho más allá: crearon un extraordinario sistema de registrar fechas, denominado Cuenta Larga, que incluía los dos calendarios anteriores, el ciclo lunar y otros desconocidos por nosotros. Se le ha llamado también Serie Inicial, porque con él empiezan frecuentemente las inscripciones.

La novedad de este sistema está en que requiere de un punto de partida del cómputo del tiempo, es decir, de una "fecha era", que registra algún acontecimiento importante (equivale en el calendario occidental al nacimiento de Cristo). A partir de la primera fecha de la creación, (13.0.0.0.0., el día 4 Ahau 8, 13 de agosto de 3114 a. C.) los mayas contaron el tiempo hacia atrás o hacia adelante, empleando ciclos que parten del Kin o día, al que siguen: Uinal (mes de 20 días), Tun, año de 365 días, Katún (periodo de 20 años) y Baktún (periodo de 400 años).

Hay noticias de que, multiplicando siempre por 20, llegaron hasta el hoy llamado Alautun, ciclo de 400 millones de años, aunque en las fechas de Serie Inicial sólo llegan hasta el Baktún. Todos estos conocimientos, al lado de las creaciones artísticas, han dado al pueblo maya un lugar muy distinguido en la historia de la humanidad.

La Medicina Maya

Entre los logros de los mayas, que también puede considerarse "científico", fue la medicina, basada en conocimientos empíricos y psicológicos del ser humano. Lograron un extraordinario manejo de la herbolaria; usaron además medicamentos de origen animal y mineral, y tuvieron especializaciones médicas, como hueseros y parteros.

El chamanismo tuvo un uso destacado como terapia de enfermedades del espíritu, contra los maleficios, "sustos" y "pérdida del alma". En esta especialidad, además de la aplicación de medicamentos vegetales y animales, se empleaban la magia y la interpretación de los sueños acompañada de la ingestión, por parte del paciente o del médico, de sustancias psicoactivas, de las que los grupos mesoamericanos conocieron una gran variedad.

El empleo de hongos y diversas plantas, se basó en la creencia de que en ellos residían fuerzas sagradas, por lo que propiciaban el trance extático, es decir, el externamiento del alma, indispensable para conocer sus males y poder curarlos.

Historiografía

Desde el periodo Clásico, los mayas escribieron la historia de sus linajes gobernantes en su compleja escritura jeroglífica, cuyo conocimiento se perdió con la conquista española, ya que fueron perseguidos y muertos todos aquellos que sabían leer y escribir.

Pero gracias a los avances de la epigrafía (estudio de las escrituras antiguas), que se realiza con rigor en varios países del mundo desde el siglo XIX, se ha logrado descifrar en parte la escritura, dando a conocer el saber sobre sus conocimientos científicos, los grupos de poder de varias ciudades y la vida social y económica de los mayas clásicos. Para registrar la historia, los mayas utilizaban el sistema de fechar con la cuenta larga, por lo que se conocen las fechas exactas de los diversos acontecimientos.

Los estudiosos han dado nombre a varios gobernantes y linajes, algunos de los cuales quizá hayan sido sus nombres auténticos, como Pacal y Chan Bahlum en Palenque y Yax Kin en Tikal. Pero de la mayoría de las ciudades clásicas, sobre todo las de las selvas de Chiapas y Guatemala, se desconoce el topónimo original, y se siguen distinguiendo con los nombres de la tradición local, y con los inventados por los arqueólogos.

Por su parte, las fuentes escritas coloniales hablan de la existencia de múltiples códices historiográficos que fueron destruidos por los frailes españoles, cuyo contenido se conservó en los textos que los propios mayas escribieron después de aprender el alfabeto latino.

Estos textos revelan no sólo la historia de algunos linajes y el hecho obvio de registrar sus acontecimientos para no perder el poder político, sino también la finalidad esencial de la historiografía maya, que fue registrar los acontecimientos para conocer qué ocurriría en el futuro, según su concepto cíclico del tiempo. Para los mayas, los hechos de los hombres se repetirían como los ciclos naturales, al volver a desplegarse sobre el mundo la misma conjunción de influencias divinas.

Las profecías mayas, tenían como finalidad advertir a los hombres de lo que iba a acontecer sobre la base de lo que aconteció, se expresaba claramente esta concepción, pues algunos acontecimientos del pasado se registran. Los acontecimientos históricos en estos textos se mezclan con mitos e historias sagradas porque para el maya la presencia de los dioses, las narraciones sobre seres divinos, hombres portentosos y acontecimientos sobrenaturales son hechos tan reales como los que nosotros llamamos "historia"; y que forman parte de la verdad sobre el pasado. El pensar científico fue ante todo una forma de conocer y manejar las energías sagradas emanadas principalmente por los astros, que fueron concebidos como seres divinos.

Tanto las ciencias como la historiografía, se inscriben en el ámbito de la religión, y su creación revela no sólo un intento de conocer las influencias de los dioses, sino también de manejarlas en provecho del hombre. Con base en su concepto cíclico del tiempo, el maya creyó que el futuro estaba determinado, pero no se sometió pasivamente a los dioses, sino que intentó conocerlos para modelar su vida a través del ritual, tornar buenas sus malas influencias y mantener, con ello, la vida del cosmos íntegro.

El Arte Plástico

El hombre maya, como otros hombres mesoamericanos, interpretó la creación artística como aquello que lo asemejaba a los dioses, y así repitió la ordenación del cosmos, hecha por los dioses en el tiempo primordial, creando espacios sagrados en la tierra que imitaban el universo.

Los espacios ceremoniales de las grandes ciudades fueron construidos como microcosmos, con sus cuatro rumbos y su axis mundi desde donde se lograba la comunicación con las fuerzas sagradas de arriba y de abajo, es decir, del cielo y el inframundo, y que simbolizaba a la vez el sitio donde se originó el cosmos, el lugar primigenio de la creación.

En estos espacios se realizaban ritos para revivir periódicamente el acontecimiento primigenio, como una forma de revitalizar el cosmos.

Arquitectura Maya

En los rumbos arquitectónico, los mayas no siguieron rígidos cánones estéticos, como otros pueblos antiguos, sino que, respondiendo a la autonomía política de las ciudades-estado, que incluían grupos de sitios dependientes de ellas, y con una gran libertad creadora, desarrollaron varios estilos distintos.

Más allá de los diferentes estilos, la arquitectura maya se caracteriza por la construcción de edificios de mampostería con bóvedas y recubiertos de estuco y de piedras bien pulidas. Los principales edificios se ubican en los espacios ceremoniales: templos sobre basamentos piramidales, palacios, adoratorios, baños de vapor, calzadas pavimentadas y canchas para el juego de pelota.

Existen innumerables casas habitación, mercados y otros edificios que tal vez se destinaron a funciones administrativas y a la enseñanza de algunos oficios vinculados con el culto. Las construcciones habitacionales son de varios tipos.

Los "palacios" donde vivían las familias gobernantes, lugares equipados con sistemas de aprovisionamiento de agua y drenajes, hasta las más sencillas; casas de varas y lodo para la gente del pueblo.

La decoración de los edificios se realizó en estuco y en mosaico de piedra y fue muy variada; ante todo se adornaron los frisos, parte externa de las bóvedas. La mayoría de los templos y palacios se complementaban con pinturas murales y con lápidas o paneles de piedra esculpidos que se colocaban sobre los muros.

Las construcciones principales delimitaban patios o plazas, aprovechando la topografía del lugar, y se adaptaban a las trayectorias astrales, fundamentalmente a la del Sol, por lo que los edificios se orientaban a los puntos cardinales (a veces con una variación de más o menos 10 grados).

Los lugares elegidos para edificar las ciudades, tenían cualidades prácticas, como la cercanía a ríos y campos de cultivo, y a protecciones naturales para la autodefensa. Contaban con características geográficas que ellos consideraban sagradas, por ejemplo, una gran montaña o alguna otra manifestación especial del poder divino.

Para los mayas esos espacios sagrados eran los adecuados para comunicarse con los dioses. Si ellos ya se habían manifestado ahí, continuarían haciéndolo para que el hombre los venerara. El constante uso ritual de templos y plazas acumulaba la sacralidad, por lo que cuando era necesario renovar las construcciones religiosas, se edificaba sobre los edificios ya existentes.

En donde se añadían niveles sobre las plazas para conservar las energías sagradas y facilitar el acceso a los dioses habituados a penetrar en esos espacios durante los ritos. En la mayoría de los centros ceremoniales existían múltiples estructuras superpuestas.

Los basamentos para templos, a veces se elevaban a una gran altura para propiciar la comunicación con las deidades celestes y reproducir las montañas sagradas que simbolizaban el nivel celeste, en cuyo más alto estrato residía la deidad creadora. Así, la arquitectura buscó una armonía con el cosmos íntegro, porque el hombre no se concibió desvinculado de los astros y de la naturaleza.

Escultura y Pintura

En las grandes ciudades-estado se realizaron excepcionales creaciones escultóricas y pictóricas, ligadas esencialmente con las creencias religiosas y con el poder de los gobernantes y sus linajes.

Las principales obras escultóricas son estelas (bloques de piedra aislados) y paneles o lápidas que se integraban a las construcciones.

En el área central, la escultura maya se caracteriza por el uso de formas suaves y ondulantes y por la representación realista o estilizada de la figura humana, vital y expresiva.

En el área norte, se encontraron formas geométricas diversas que simbolizaban seres divinos, humanos y naturales. Uno de los motivos principales fue la serpiente, asociada a los dioses más importantes y a los niveles cósmicos; encarnación de los grandes contrarios del cosmos.

El arte pictórico, se manifestó principalmente en murales y en cerámica, destacando las escenas narrativas, en donde se emplearon diversas técnicas.

Una de las obras maestras de la pintura maya, y mesoamericana en general es el Templo de las Pinturas de la Ciudad de Bonampak.

El arte escultórico y pictórico de los mayas no era un lujo o un adorno de templos, sepulturas y palacios. Tampoco se puede considerar un mero reflejo de ideas religiosas, sociales o políticas, para comunicarlas al pueblo, pues algunas obras tuvieron también un sentido mágico-religioso, con una finalidad práctica.

Se pensaba que los dioses y los antepasados adquirían una naturaleza sagrada, al morir. Posteriormente encarnaban en imágenes durante los rituales y eran el recipiente de las energías divinas durante los ritos, a través de los cuales recibían el alimento indispensable para su existencia.

Las obras plásticas tenían la finalidad de mostrar al pueblo el poder de los dioses y de los hombres en quienes esos dioses habían depositado parte de su sacralidad y que, por ello, tenían el derecho a gobernar a los demás.

Buscaban hacer patente la grandeza de los linajes ilustres para garantizar su permanencia en el poder. Por eso los soberanos, tema principal de la escultura y la pintura de las ciudades del área central, se representan siempre acompañados de los dioses, cuyas imágenes portaban en los tocados y otros atavíos, así como en los objetos de poder, como los cetros, los bastones y las barras ceremoniales.

El fundamental sentido simbólico del arte maya combina con su significación histórica y política, como un valor estético. La libertad creadora plasmada en las obras, el goce estético del artista, la fantasía y los elementos novedosos eran cualidades y realces en la vida cotidiana maya.

Recientemente se ha descubierto que muchos artistas esculpieron o pintaron su nombre en sus obras, lo que nos habla ya de una conciencia del individuo creador, al lado del sentido colectivo del arte.

El artista maya siempre estuvo a la búsqueda de nuevas formas; elemento estético que lo caracterizó e hizo que sus obras materiales no fueran catalogadas como meros documentos para conocer a las sociedades creadoras, sino como obras de arte con un valor intrínseco.



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