Universidade Federal de Pernambuco
Depto. de Letras, Programa de Espanhol
Disciplina: História da Língua Espanhola
Centro de Artes e Comunicação
Professor: Dr. João Sedycias
Código da Disciplina: ______

 

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¡OJO! - Esta página está actualizada hasta el: 14 de septiembre de 2003.
 
Procedencia: Colegio de San Francisco de Paula, Sevilla, España

Cronología tartésica: fechas importantes

1100-1000 A.E.C.
(A.E.C. = antes de la era común)
Formación de la cultura tartésica.
1000-950 A.E.C.
Conformación del espacio geográfico donde se desarrollará la cultura tartésica.
961-928 A.E.C.
La naves de Salomón e Hiram viajan a Tarsis y regresan cargadas de oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
850-750 A.E.C.
En Andalucía oriental se advierten los primeros influjos tartésicos.
800-550 A.E.C.
Inicio de las explotaciones de plata a gran escala en la zona de Río Tinto en Huelva.
790-600 A.E.C.
Período orientalizante o etapa de consolidación del mundo tartésico. Expansión de los elementos de la cultura material tartésica a la Alta Andalucía y Extremadura.
750 A.E.C.
Aparición de las primeras cerámicas fenicias de engobe rojo y polícromas.
750-600 A.E.C.
Intensificación de las relaciones de la zona oriental de Andalucía con el foco principal tartésico.
700 A.E.C.
La cerámica a torno aumenta considerablemente en número, ampliando el repertorio de sus forma. La población tartésica experimenta un crecimiento demográfico apreciable.
640-630 A.E.C.
Viaje de Colaios de Samos.
600-520 A.E.C.
Numerosa presencia de objetos griegos en la cultura tartésica.
600 A.E.C.
Inicio de las relaciones comerciales de los griegos de Focea con el rey tartésico Argantonio.
590 A.E.C.
Abandono de ciertos poblados tartésicos que en siglos anteriores habían tenido una considerable importancia. No se advierten señales de violencia. Se inicia un período de cierta inestabilidad.
580-540 A.E.C.
Fuerte presencia de los griegos en Huelva.
530-520 A.E.C.
Final de la época de esplendor de la zona onubense (Huelva).
500 A.E.C.
Final de Tartessos a manos de los cartaginenses.

Localización de Tartessos

Tartessos es el nombre dado por los griegos al área occidental más lejana del mundo conocido, en la Península Ibérica, que en aquella época era el límite más alejado del mundo.

No existe claridad sobre la localización de la ciudad de Tartessos, aunque si sabemos que se encontraba situada en el sur de la península ibérica. La interpretación de los textos antiguos señala a la provincia de Huelva en la Comunidad Autónoma de Andalucía como el lugar más probable para situar el gran reino de Tharsis o Tartessos.

Las características geográficas, los restos arqueológicos, y las fuentes metalúrgicas onubenses (de Huelva) ayudan a situar el reino tartéssico en la ría de Huelva.

La localización de esta ciudad ha sido buscada en este siglo insistentemente en la desembocadura del río Guadalquivir, donde parece que se encontraba. Otros historiadores romanos y griegos señalaron la existencia de Tartessos en la bahía de Algeciras, y por la riqueza de los yacimientos encontrados también la han buscado en las rías del Tinto y el Odiel, en Huelva. Sin embargo otros la situaban junto al río Guadalete en Cádiz, y o en Carmona (Sevilla).

En la época tartésica la desembocadura del Guadalquivir se encontraba mucho más al interior, y además desembocaba en un amplio lago, que iba a dar a una gran bahía. Esta situación facilitaba la comunicación entre los distintos centros de producción, metalúrgica y agraria, favoreciendo el comercio.

Hoy en día se reconoce que la localización más probable de Tartessos queda en Huelva, más exactamente, en los "cabezos onubenses". El territorio tartésico propiamente dicho sería el triángulo que se puede formar entre las ciudades de Huelva, Sevilla y Cádiz. Su área de influencia se extendería desde el mediterráneo hasta el atlántico, con Sierra Morena como límite superior, aunque se han encontrado restos arqueológicos que demuestran la influencia tartésica en la meseta castellana.

Dentro del territorio señalado, las distintas zonas geográficas corresponderían a su vez distintas actividades económicas: ciertas zonas de Huelva representarían mayor actividad minera y metalúrgica, mientras que otras zonas eran más aptas para la ganadería, otras para la agricultura, y otras, finalmente, para la pesca. Todo esto nos habla de una sociedad económicamente activa y emprendedora.

Queda claro en todo caso, y está probado arqueológicamente, que en estas tierras floreció una avanzada cultura gracias al contacto entre el elemento indígena, dedicado a la pesca, el pastoreo y la agricultura, con otros orientales, fenicios, resultando de ello una importante cultura metalúrgica y comercial en los inicios de la etapa final de la edad del bronce.

Tartessos: un mundo fabuloso

Aún permanecen oscuras la formación y extensión territorial del reino de Tartessos, así como la localización de su capital (probablemente una ciudad-estado que dio nombre a toda su área de influencia). No obstante, sí se sabe que ocupaba el área SO de la Península Ibérica en torno a la desembocadura de los ríos Guadalquivir, Tinto y Odiel. Esa fue la zona en donde desde muy antiguo se dio un activo intercambio entre distintas culturas y civilizaciones, lo que seguramente marcó y fortaleció el desarrollo del imperio tartesio.

Los contactos con los pueblos del Mediterráneo (fenicios, griegos, etc.) tuvieron gran influencia en los pueblos indígena y modificaron su cultura. En el sur de la Península, zona rica en materias primas y metales, las aldeas del neolítico se convirtieron en ciudades, cada vez más desarrolladas, y los jefes de tribu acumularon gran poder, gracias al monopolio de la producción y venta de oro, plata y cobre.

Los jefes y las clases altas de Tartesos copiaron las costumbres de los pueblos colonizadores (fenicios y griegos), adoraron a los mismos dioses y hasta llegaron a inventar un sistema de escritura que se basaba en el de los pueblos extranjeros.

Lo que hoy sabemos, al margen de la leyenda, es que los tartesios explotaron las minas circundantes de cobre y plata, controlando el estaño del noroeste peninsular, minerales todos ellos buscados por los comerciantes fenicios establecidos en las costas y, más adelante por los griegos, en una dura competencia.

Será la amistad y el apoyo tartesio a los griegos el causante de su ruina, ya que se deja de tener noticias suyas alrededor del 500 A.E.C., víctimas del expansionismo cartaginés (pueblo heredero del fenicio, del norte de África, en la actual Túnez) . También se ha señalado como causa la competencia de los griegos de Massalia (la actual Marsella, en Francia) en las rutas del estaño occidental. Pudo ser que en momento dedo Tartessos dejara de ser interesante desde un punto de vista económico. Los pueblos turdetanos, en la zona del valle del río Guadalquivir fueron los que recogieron su herencia, sintiéndose especialmente orgullosos de tener sus orígenes en un pasado tan glorioso y brillante.

Las noticias más antiguas que nos han llegado sobre los pobladores de la península ibérica son las citadas por el escritor romano Rufo Festo Avieno, que vivió en el siglo IV después de Jesucristo y fue autor de una obra titulada “Ora maritima”, poema de senarios en el que se describen las costas mediterráneas. Pero lo importante de este libro es que Avieno utilizó fuentes antiquísimas de autores desconocidos, y en las que el propio Avieno confiesa haberse inspirado. Una de estas fuentes, que databa del siglo VI antes de Jesucristo, es decir, mil años antes de la época en que vivió y escribió Avieno, era un “periplo”, o sea, un viaje de navegación costera realizado por un marino griego o púnico (cartaginés), en el que partiendo desde el mediterráneo hacia las costas de Bretaña o de Cornualles, en Inglaterra, luego llegó hasta Marsella (Massalia).Resultado de aquel viaje fue la narración animada y viva de los lugares visitados por el desconocido marino, que proporcionan las más antiguas noticias existentes sobre España.

Tierras tartésicas

La gran extensión del territorio tartésico hace que se hable del Imperio Tartésico, que se extendía desde las playas de Alicante, en el mediterráneo, hasta la costa atlántica. La riqueza ganadera, pesquera y minera se tradujo en una viva actividad comercial, que es el motor de la vida urbana, ya que no existe vida urbana sin intercambio, sin comercio.

A lo largo de todo este territorio muchos poblados humanos fueron desarrollándose como núcleos urbanos, y uno de ellos empezó a sobresalir sobre los demás: Tartessos.

En los registros existentes no se menciona ninguna otra ciudad en el área tartésica. Esto no quiere decir que no existieran otras, pero seguramente no tuvieron la importancia de Tartessos. A lo largo de los más de 1000 años de esta cultura, sus poblados fueron cambiando en base a su desarrollo y a su contacto con pobladores extranjeros.

A mediada que la sociedad tartésica evolucionaba gracias a su comercio y contacto con otros pueblos, las poblaciones se transformaron, adquiriendo rasgos urbanos más claros.

Las cabañas circulares, típicas de la época anterior a la llegada de los fenicios, fueron sustituidas por edificios cuadrados construidos en piedra y adobe, protegidos por sistemas de fortificaciones.

Lugares que fueron importantes durante esta época son entre otros: el poblado de Setefilla, en Sevilla, que poseía un alto valor estratégico, ya que dominaba un amplio territorio, rico en recursos agrícolas y ganaderos, y cruzado por numerosas vías de comunicación.

Setefilla era una población protegida por una pequeña fortaleza, rodeada de poderosas murallas y con bastiones, lo que nos da idea de la importancia de este lugar tenía para la seguridad y el intercambio de productos en el valle del Guadalquivir.

La arqueología da a conocer el carácter defensivo y urbanizado de las poblaciones tartésicas como Tejada de la Vieja (Escacena del Campo) con murallas provistas de torres y casas distribuidas en manzanas separadas por calles rectilíneas, desconocidas con anterioridad.

Entre otros pueblos en los que poco a poco se van descubriendo restos arqueológicos tenemos a Llanete de los Moros, en Montoro (Córdoba), Carmona y Montemolín en Sevilla, Berrueco (Cádiz), El Carambolo y Valencina de la Concepción (Sevilla) entre otros.

Los grupos étnicos de Tartessos

Seguramente las gentes que poblaron Tartessos fueron de muy variado origen. Probablemente la población local se mezcló con un grupo de los Pueblos del Mar hacia el 1.100 A.E.C. que tal vez pudieron seguir en contacto con su patria de origen. Mezclados los dos pueblos, la constante influencia oriental, la influencia indígena, la influencia fenicia y líbico-fenicia (900 a 700 A.E.C.), y la influencia griega (700 a 600 A.E.C.) fueron dando forma a la cultura tartésica a través de los siglos.

En determinados ajuares domésticos encontrados destaca, asimismo, la abundancia de objetos importados de otros países, de carácter suntuario (lujoso), sacro (religioso) o funerario, que demuestran el desarrollo jerarquizado de la sociedad, especialmente durante los siglos VII y VI a. C.

La existencia de una aristocracia dominante queda así explicada y es mitológica e históricamente representada por la milenaria monarquía de Tartessos. Elite que seguramente incluiría a sus comerciantes, ya que la Biblia los describe... “Los de Tarsis traficaban contigo en gran abundancia de productos de toda suerte; en plata, hierro, estaño y plomo te pagaban tus mercancías” (La Biblia, Ezequiel, 27,12)... más bien como personas emprendedoras y activas.

Los tartesios fueron descritos por el escritor griego Posidonio quien afirmaba que eran hospitalarios y liberales, activos, “ampulosos y de genio alegre”, lo cual se ajusta bastante bien con el carácter de los actuales andaluces de la costa.

Con respecto al bagaje cultural de los tartésicos, la principal fuente vuelve a ser Estrabón. En el primer libro de su magna Geographia, habla de sus descendientes como el pueblo más culto de la península. El geógrafo griego se refiere a los habitantes del antiguo reino tartésico, que vivieron aproximadamente hacia los siglos II y I A.E.C. Estrabón habla de los anales y leyes conservadas por escrito desde mucho antes de los tiempos del rey Argantonio, lo que hace suponer que la tradición de escritura venía desde antiguo. Se sabe que poseían un lenguaje escrito propio, y fueron descritos como cultos y educados. Este escritor dice que los tartesios tenían historias escritas, poemas y leyes en verso de 6.000 años de antigüedad.

Otro escritor griego, Éforo, cita varias "costumbres" tartésicas, como la prohibición a los jóvenes de testificar contra los ancianos (rasgo de jerarquización social).

En cuanto a su ropa, la vestimenta de gala de cualquier miembro de esta cultura debió ser parecida a la que muestran las numerosas estatuas de Damas que se han encontrado en la península, como la de Elche o la de Baza. Los piezas encontradas señalan objetos de vestir complejos y elaborados, propios de una civilización rica y desarrollada.

La ropa de los guerreros incluía jubones de cuero o acolchados, capacetes de cuero o bronce, posiblemente adornados con cuernos, y escudos circulares de tamaño mediano y hechos de cuero endurecido. Sus principales armas serían espadas largas y estrechas de hierro y largas lanzas. Se cree que el imperio tartésico rico, poderoso y duradero, era un imperio pacífico, capaz de convivir con otras culturas en paz, y de dedicarse a las aventuras de exploración comercial, que los llevó a lugares distantes de la Península Ibérica y a recorrer las costas atlánticas de Europa (Galicia, la Armórica y las Islas Británicas).

Organización social de Tartessos

A medida que Tartessos evolucionaba su estructura social fue cambiando. Su organización política era superior a las del resto de los pueblos ibéricos: el Estado Territorial, con el centro en una ciudad que constituía la capital y estaba dirigido por un monarca (rey).

La sociedad tartésica, tan rica y especializada, se hallaba dividida en clases o castas. En el caso de Tartessos se han determinado siete: terratenientes en la cumbre, varias intermedias y en la base los esclavos: príncipes, sacerdotes, comerciantes, hombres libres -campesinos, artesanos, comerciantes, marineros- y esclavos. Existía una clase de comerciantes y mercaderes enriquecida. Esta era una sociedad fuertemente jerarquizada (estructurada), aunque la división del trabajo artesano debió ser el principal factor de cohesión (unión) social. Los tartesios practicaban una ganadería y agricultura evolucionada, eran buenos navegantes y pescadores, y trabajaban los metales.

El descubrimiento de pequeños talleres domésticos dedicados en exclusiva a las manufacturas metálicas explica, por una parte, el nivel de igualdad social; pero, por otra parte, el trato y el contacto con pueblos de comerciantes debió exigir la existencia de una densa red de comercialización de los productos tartésicos, lo que seguramente resultó en la creación de diferentes clases sociales.

Su religión debió de ser politeísta (varios Dioses) y astral (culto a los astros). También fueron influidos por púnicos y griegos prestando culto a dioses como Melkart y Heracles. No faltaba un dios de la guerra, conocido con el nombre céltico de Neto (héroe o guerrero).

Existió una gran variedad de cultos y templos en el territorio de los Tartessos dedicados a la adoración de diferentes divinidades, especialmente al sol, a la luna y a varias fuerzas semidiabólicas. Dejando de lado estos restos de culturas ancestrales, una de las tres islas en las que estaba dividida Cádiz se dedicó por completo a un templo para adorar a Afrodita, santuario dotado, a la manera griega, de su propio oráculo. Otro santuario, el de Zèphyros, dios del viento, se encontraba situado en la costa del Algarve (Portugal), dedicado al culto de aquel que traía, con sus buenos vientos, tanta riqueza comercial a la comarca.

Las investigaciones acerca del origen mítico señalan el carácter antiquísimo a la monarquía tartésica, así como un brillante período de prosperidad entre los diferentes pueblos que habitaban la península ibérica antes de la llegada de fenicios y griegos, y que para estos, al menos para los griegos, fue vista como una especie de El Dorado (lugar mítico de riquezas sin igual) de la Antigüedad, por sus fabulosas riquezas y su localización incierta.

La cultura tartésica

La cultura tartésica alcanzó niveles esplendorosos. Su propio desarrollo y lo que aprendieron de los comerciantes orientales los llevaron a producir obras de alta calidad artística. Si bien esta cultura no se caracterizó por sus obras arquitectónicas, ya que su urbanismo no alcanzó los niveles de desarrollo de otras culturas de su época. Sin embargo, según Estrabón, los tartesios construyeron también obras de ingeniería para regular y aprovechar el caudal del Guadalquivir; asimismo, asegura que existían a orillas del río gran número de ciudades ricas y florecientes (de las que no se han encontrado todavía los restos arquitectónicos).

En la orfebrería, la cerámica, y otras artes, alcanzaron niveles tan refinados como cualquier otra cultura de su tiempo. Los artistas y artesanos tartésicos eran conocidos por su habilidad en la producción de objetos de lujo. Si en sus construcciones parecían humildes, dedicaban gran parte de su riqueza a la compra o elaboración de objetos de oro y plata, especialmente diademas, gargantillas, cotas pectorales, collares, pulseras, cinturones, anillos y pendientes. Sus armas eran igualmente de gran calidad.

Los anillos, brazaletes, broches, alfileres, braseros, y cerámica que han llegado a nosotros nos muestran claramente el nivel de sofisticación de esta cultura. En cuanto a la decoración, demostraron habilidad en los diseños geométricos. La arqueología revela también la importancia en el arte de la figura del guerrero, de los animales fantásticos y de las flores y plantas simbólicas, indicando la asimilación de conceptos orientales por parte de los tartesios. Entre los artesanos los estilos orientalizantes (influido por los comerciantes llegados del mediterráneo oriental) eran los preferidos.

El tesoro de Carambolo, el de Évora, las ricas tumbas de La Joya y Cástulo son claros ejemplos de la calidad y riqueza de sus obras. Los tartésicos también tenían su propio alfabeto, que aún no ha podido ser descifrado, y que también nos indica lo avanzado de esta cultura. Su alfabeto tenía 32 signos y se escribía de derecha a izquierda, como se puede ver en las estelas encontradas en Huelva y Extremadura.

Las excavaciones arqueológicas han descubierto gran cantidad de lápidas o estelas funerarias con caracteres alfabéticos en su exterior. El alfabeto tartésico, en parte indescifrable, participa de los rasgos generales peninsulares, pero tiene gran influencia oriental. La escritura tartésica es la más antigua de la península. Muy poco es lo conocido sobre este lenguaje por lo que aún no se ha podido descifrar estas inscripciones. El sistema de escritura es semisilábico, y los textos más recientes han sido fechados en el siglo IV A.E.C.



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