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Universidade Federal de Pernambuco Depto. de Letras, Programa de Espanhol Disciplina: História da Língua Espanhola |
Centro de Artes e Comunicação Professor: Dr. João Sedycias Código da Disciplina: ______ |
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Procedencia: Extractado de “Spagna” de M. E. Aubet,
en I Fenici, Ed. Bompiani, Milán, 1988, 226-242
Los fenicios en la Península Ibérica
Introducción
La Península Ibérica es el punto más occidental de la expansión feno-púnica en el Mediterráneo, pero su situación extrema no ha sido óbice a que tanto los textos clásicos como los hallazgos arqueológicos demuestren que fue una de las primeras metas de la diáspora fenicia y un centro de notable interés estratégico para las aspiraciones de Cartago en los ss. VI-V a. de C.
Los investigadores de comienzos de siglo hallaron las grandes Necrópolis púnicas de Cádiz, Ibiza y Villaricos, que apenas remontaban más allá del 500, así como grandes centros de culto en Ibiza (Es Cuyram, Isla Plana) de evidente influencia cartaginesa. En 1965-1980 se detectaron varias colonias, sobre todo en Andalucía, con un ambiente arcaico (ss. VIII-VI), asociado a fenicios orientales que ocuparon por más de dos siglos la fachada oriental del Estrecho de Gibraltar. Los asentamientos y necrópolis de Almuñécar -Sexi-, Toscanos, Chorreras, Mezquitilla y Guadalhorce eclipsaron el interés de los estudiosos por Gadir y Ebusus a la vez que el descubrimiento de la civilización de Tartesos, en el Bajo Guadalquivir, mostraba el contacto con los gaditanos en un periodo "orientalizante" entre 750 y 580 a. C. Desde 1980 se trabaja de nuevo en Cádiz y desde 1982 en la Ibiza fenicia propiamente dicha.
Gadir
Estrabón y Veleyo Patérculo sitúan su fundación h. 1100 a. C., fecha demasiado antigua para algunos, que creen fue deformada en tiempo helenístico en el supuesto de que estos lugares míticos de Occidente deberían de estar en relación con Hércules o la Guerra de Troya. La ciudad yace bajo la Cádiz actual, a más de 5 m de profundidad. En la bahía hay asentamientos indígenas o tartésicos (Torre de Doña Blanca, Asta Regia, Huelva) con presencia fenicia u oriental desde el 770-760. La influencia de Gadir llega al Marruecos atlántico (Lixus, Mogador), al Oranesado (Rachgún) e Ibiza.
Su fundación obedeció al deseo de obtener mineral de plata del territorio tartesio y en particular de las minas de montaña de Huelva y Sevilla: era muy fuerte la demanda de metal en Oriente, sobre todo por Asiria. Los yacimientos mineros de los ss. VIII y VII en Río Tinto y Aznalcóllar, con gran cantidad de escoria de oro y plata, muestran que la extracción fue activa, masiva y duradera, en forma de lingotes, para embarque en Gadir, con empleo en el proceso de mano de obra indígena. Diodoro (V 35 4-5) subraya que obtenían plata tartesia a cambio de baratijas: la avidez tiria era tan grande que llegaron a poner en las naves anclas de plata para aprovechar al máximo el flete. La plata tartesia permitió a Tiro fundar nuevas colonias en África, Sicilia, Cerdeña y en la propia Hispania.
En los ss. VIII-VI se difunden por Andalucía occidental el hierro y el torno cerámico y la influencia tiria es visible en el arte y en la sociedad. En el s. VII, los príncipes locales enriquecidos adoptan un ritual funerario a la fenicia, con tumbas monumentales, marfiles, joyas y vajillas de oro, plata y bronce compradas en Cádiz (La Joya -Hu-, Carmona y Setefilla -Se-, La Aliseda -Cc-). Se infiere la práctica del don, del regalo de prestigio al jefe a cambio del derecho de paso y comercio, que potenció las jefaturas.
Los estudiosos han mostrado que Gadir (GDR), fortificada, estaba al parecer en la menor (Erytheia) de las tres islas principales de un pequeño archipiélago, hoy unidas a tierra (península de Cádiz), en medio de la bahía, dominando el estuario del Guadalete. Hoy está en parte bajo el mar mostrando, por sus basas y capiteles, su importancia monumental. En la isla mayor (Cotinusa, para Plinio; unida a la anterior) estuvo la necrópolis púnica, con espectaculares hallazgos y en el extremo sur, el templo de Melqart (Herakleion). La tercera isla (de León), es hoy San Fernando, en tierra firme. Este emplazamiento múltiple fue causa de nombres en plural como Gades, Gadeira o Gedeiroi que se le dieron en la Antigüedad.
El templo de Melqart, protector de Tiro, luego asimilado a Heracles por los griegos, fue de primera importancia por su papel tutelar, bancario, jurídico y religioso. Se mantuvo en actividad durante el Imperio Romano, con su rito oriental y vedado a las mujeres. Su oráculo fue consultado por Aníbal, Fabio Máximo, Polibio y César. Y Trajano y Adriano, nacidos en la región, incorporaron el culto de Hércules-Melqart a la religión de Estado.
La Gadir fenicia floreció por el comercio de la plata; la Gadir púnica (ss. VI-III) fue también pujante por su comercio con Marruecos, el Atlántico, el Oranesado y el litoral mediterráneo hispano, en un tiempo en que Tiro perdió sus contactos occidentales y Gadir estableció relaciones con Sidón (de allí proceden los magníficos sarcófagos antropomorfos de mármol de las necrópolis de Puerta de Tierra y Punta de la Vaca, en Cotinusa). La entrada de Roma en Cádiz (206 a. C.) y la erección de Gades en sus cercanías reforzó su papel.
Colonias fenicias en Andalucía oriental
Los 170 km que van del Guadalhorce (Málaga) hasta el Adra (Almería) están saturados de pequeñas ciudades fenicias junto a los deltas fluviales, dispersas y muy adaptadas al medio. Entre 750 y 550 a. C. se detecta un denso poblamiento que acaso empezase a comienzos del s. VIII en el Morro de Mezquitilla (Málaga). Todas se emplazan en un promontorio litoral poco elevado, en la boca de un río (Toscanos, Morro, Chorreras), en una península dominante (Almuñécar) o en un islote de la desembocadura (Cerro del Villar), posiciones que procuran una doble ventaja: buena condición portuaria y fácil explotación del suelo aluvial, muy fértil.
La abundancia de restos permite deducir que la mayor parte de las colonias surgió entre 750-720. Se construyeron grandes edificios en posición elevada dominando una urbanización homogénea y organizada. A fines del s. VIII ya se aprecia un crecimiento demográfico, acaso por la llegada de un segundo flujo colonizador tirio o gaditano, que generan barrios metalúrgicos y alfareros en Mezquitilla y Toscanos.
Hacia el 700 aparecen fortificaciones y entre el 700 y el 600 se aprecia gran prosperidad comercial, base del aspecto orientalizante de la arqueología indígena andaluza. En Toscanos se alza un enorme edificio de tres naves y dos pisos, almacén mercantil, que regula la vida del río Vélez con el comercio de grano, aceite y vino, que permite deducir la existencia de una red administrativa fenicia bastante densa. El aspecto del dispositivo de Toscanos recuerda los de Al Mina del Orontes o Hazor.
Durante el siglo VII se detectan productos orientales, chipriotas, greco-orientales, de Pitecusa y Etruria, seguramente pagados con productos agrarios. Aparecen vasos áticos, rodios y corintios, algunos fabricados en la Gracia occidental (Ischia-Pitecusa). Las necrópolis (Almuñécar, Mezquitilla, Toscanos) están cerca de la ciudad y a menudo al otro lado del río. Predomina la incineración con ritual oriental: junto a la urna cineraria hay varias ánforas de barniz rojo, acaso lustrales o de libación, una lámpara, un plato con alimento y joyas, anillos, marfiles, etc. A veces, tras el cierre de la tumba, se ponía sobre ela cerámica rota intencionadamente.
En algunos casos, las cenizas del muerto se guardan en lujosas urnas egipcias de alabastro o mármol, datables en ocasiones por nombres faraónicos de los siglos XVI a VIII, la mayor parte de los cuales son de la Dinastía XXII (Osorcón II, Taquelot II, Sheshonq III, correspondientes a los años 874-773). Vasos de alabastro de esta clase, inicialmente destinados a vino de precio, aparecen en menor número en residencias regias de Asiria o Samaria, como parte de botines de guerra o presentes intercambiados entre casas reales. No sabemos cómo tales piezas fueron a parar a estos lugares en el s. VII: acaso procedían del saqueo de tumbas o de regalos faraónicos a los tirios; en todo caso, denotan la presencia en la Península de personajes importantes.
Deducciones similares se obtienen en Trayamar, a orillas del Algarrobo, cuyas grandes tumbas subterráneas con cámara y corredor de acceso en sillar muestran su uso para familias o clanes enteros. En la segunda mitad del s. VII fueron abiertas y reutilizadas para nuevas incineraciones y, a fines del siglo, inhumaciones. Los ajuares funerarios son similares a los anteriores, pero varía la magnitud de los monumentos, típicamente oriental, y su utilización por una o dos generaciones de colonos fenicios. Trayamar implica la existencia en la costa malagueña de grupos familiares de fenicios de elevado rango y arraigados en Occidente.
Hacia comienzos del s. VI se aprecia una crisis o reorganización: en Toscanos se abandona el gran almacén, se rehacen las casas y se detiene el intercambio con el resto del Mediterráneo. Hacia el 550 culmina la crisis con el abandono general de la zona, momentáneo o definitivo, según puntos: la colina de Toscanos, por ejemplo, sólo será rehabitada en tiempos del Imperio. La caída de Tiro en manos de Nabucodonosor (586-573) puede ser una explicación y otra la caída de Tartesos. En igual fecha irrumpe el comercio focense en el área de Huelva.
La crisis fenicia en Hispania fue más visible que en Cerdeña y Sicilia, que la padecen en la segunda mitad del siglo VI. En Gadir se aprecia la desaparición del negocio de la plata y la decadencia de la cultura tartésica, principal beneficiaria de la presencia fenicia. No hay noticias literarias ni epigráficas sobre las pequeñas colonias de Málaga, Granada y Almería. La Numismática y fuentes tardías nos dan los nombres febicios de Malaka, Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra).
Tras la crisis fueron reocupados casi todos estos lugares antaño fenicios. Se aprecia una reestructuración del territorio y los poblados, que renacen en zonas cercanas (Toscanos) o se repueblan al poco (zona del Guadalhorce). Se advierte el tránsito generalizado al periodo púnico (siglos VI-III a. C.), en el que la población de lengua semítica muestra la fuerte influencia de Cartago: grandes necrópolis de inhumación en fosa o en hipogeo excavado en la roca muestran el cambio de rito y el crecimiento de la población en áreas antes periféricas, como en Villaricos (Baria), que empieza a explotar las cercanas minas de plata de Herrerías, quizá ya bajo control cartaginés.
Malaka se convierte en la ciudad portuaria más importante en tanto que Toscanos reduce su importancia (necrópolis de Jardín). El periodo púnico muestra que a los puertos fenicios se añaden verdaderas ciudades como en Gadir, Malaka o Ebusus en que aparece el culto a Tanit u otros dioses de Cartago que sustituyen a Melqart o Astarté, más orientales.
Ibiza
Ibiza, escala obligada en las derrotas por el Mediterráneo occidental, fue pronto no sólo escala naval sino cabeza de puente para los fenicios de Occidente para abrir relaciones comerciales con el Mediterráneo N. O.
La arqueología muestra que en la segunda mitad del s. VII a. C. grupos fenicios de Gadir se establecen gradualmente en la costa sur, primero en Ibiza capital (Ebusus) y Sa Caleta, un poco al oeste de la anterior. Parece que Ibiza estaba deshabitada. La colonización coincide con el apogeo fenicio en Andalucía que, hacia el 630, se expanden hacia las Baleares y el Golfo de León, en busca de estaño y otras materias primas. La cerámica más antigua de Ibiza apunta a procedencia gaditana. De la primera fase es la necrópolis del Puig d'es Molins, que en el s. VI fue la de Ibiza ciudad. En los ss. VII-VI tuvo modestas tumbas de urnas en huecos excavados en la roca que evidencian el menor nivel de riqueza de estos fenicios comparados con los de Málaga y Granada.
Entre 630 y 580 hay cerámicas fenicias en el Delta del Ebro, Lenguadoc Occidental, costa de Castellón (Vinarragell) y lugares indígenas de Alicante (Los Saladares, Crevillente), dependientes de Ibiza, muestra de la actividad fenicia en busca del estaño atlántico que llegaba por Aquitania. A mediados del s. VI cesa este flujo por la crisis de la Andalucía fenicia y por el asentamiento de los focenses en Marsella y Ampurias.
La deficiente interpretación de un pasaje de Diodoro (V 16) hizo creer mucho tiempo que Ibiza fue una colonia de Cartago fundada hacia el 650 a. C. Diodoro dice que en Ibiza estaba Eresos, colonia de Cartago poblada por bárbaros, en su mayoría fenicios, fundada siglo y medio después de Cartago; pero la arqueología prueba que Ibiza no entró en la órbita de Cartago antes de la segunda mitad del s. VI a. C., cuando comienza el desarrollo económico de la isla. Entre el 540 y el 500 Ibiza se convirtió en un gran centro urbano y preparó la edad de oro de la cultura púnico-ebusitana, entre los ss. V y II a. C.
La famosa necrópolis del Puig d'es Molins, a 500 m de la muralla, está junto a la ciudad moderna, la cual ocupa una elevación que domina la bahía y su puerto y ocupa el solar de la antigua Iboshim. La necrópolis ocupa 50.000 m2 y se le conocen ya entre 3 y 4.000 sepulturas. Es una de las mayores de Occidente, con tres tipos de tumba: hipogeos excavados en la roca, fosas rectangulares en roca o en tierra y sepulturas de niños dentro de ánforas. Predomina la inhumación. Los hipogeos colectivos de inhumación se usaron hasta la conquista romana del 123 a. C. Son grandes cámaras con pozo y puerta de acceso de entre 2 y 6 m. de longitud total que guardan sarcófagos de piedra y ajuares de terracotas votivas, cerámica griega, cuchillas, amuletos egipcios o egiptizantes en pasta vítrea, joyas, etc. En su seno se mezclan casi inextricablemente las épocas, pero pueden distinguirse tres fases: incineraciones arcaicas de los ss. VII-VI, consolidación inhumatoria y aumento de los hipogeos en el momento en que Ibiza alcanzó su apogeo mercantil y acaso los 4.000 habitantes púnicos (ss. V-IV), quizás por llegada de colonos norteafricanos, y, finalmente, los ss. III y II en que reaparece brevemente la incineración en coincidencia con el estancamiento de la ciudad.
El estudio de los materiales muestra que la isla era un centro productor cerámico que exportaba a Ampurias y Marsella, Andalucpia, Sicilia y Cerdeña, a la vez que se explotaban las salinas insulares y las tierras agrarias. Hacia el s. VI se detectan asentamientos oleícolas y vitícolas, cuyos productos se embarcaban en Ibiza con destino a Ultramar. El alcance de este comercio se deduce de la difusión de su moneda púnica que, a fines del s. III, se difundió por el Mediterráneo occidental por Rosellón, Lenguadoc, Mallorca, Levante español, Andalucía, Norte de África, Campania (Pompeya), Sicilia y Cerdeña.
La Ibiza púnica contó con dos grandes santuarios: Isla Plana y la cueva de Es Cuyram. El primero, en una isleta, hoy península, en el centro de la bahía, paso obligado de los navegantes que llegaban a Ibiza. Descubierto en 1907, ha dado gran número de terracotas votivas halladas en un pozo o recinto sacro, posiblemente anejo a un templo, figuritas orantes de uno y otro sexo similares a otras de Cartago, Bitia o Mozia, de aspecto algo grotesco, ofrecidas por los devotos desde el s. VI, a intervalos regulares de tiempo, probablemente destinadas a Eshmún para lograr curaciones, fertilidad, etc. Seguramente es uno de los lugares de culto más arcaicos de Ibiza.
El santuario rupestre y alejado de Es Cuyram vivió entre los ss. IV y II a. C. y en su gruta se han hallado centenares de terracotas votivas, en su mayoría femeninas, junto a abundantes cenizas y huesos (sacrificios de animales) y algunas inscripciones en bronce. El ritual religioso, que parece implicar la remoción de las ofrendas por los sacerdotes, dificulta establecer cronologías relativas. En la zona había agua, a cuyo culto quizá estuviera vinculada su actividad. Se han hallado ya más de 600 estatuillas enteras policromadas y fragmentos de otras tantas, cerámicas, figuritas de marfil y de bronce. Las más representativas son figurillas de arcilla de un busto femenino con dos grandes alas que le cubren el pecho y delimitan símbolos como el loto, el creciente o el disco solar: se trata de la Tanit alada, símbolo de vida y protección, divinidad principal del panteón cartaginés.
Otras piezas son copias de modelos griegos helenísticos que evocan las usadas en los cultos sicilianos de Deméter y Core y que quizás se hicieron en algunos casos con moldes sicilianos. Un hallazgo significativo fue una placa de bronce cercana a la entrada de la cueva, con dos inscripciones púnicas dedicatorias, una del s. IV, al dios Reshef-Melqart, por un ebusitano llamado `S'DR y otra, del s. II a. C., dedicada a Tanit por un tal Abdesmún, hijo de Azarbaal, probablemente residente ebusitano.
Las condiciones de este santuario recuerdan las de otros similares, siempre consagrados a Tanit, como el de la cueva Gorham de Gibraltar. La isla tenía fama de poseer virtudes salutíferas y se creía que carecía de serpientes, escorpiones y animales dañinos de ese género, ya que su tierra era sagrada. Pomponio Mela (II 125) recomendaba llevar consigo tierra de Iboshim para evitar cualquier peligro. La conquista romana de Ibiza no interrumpió su desarrollo cultural ni extinguió su lengua y un modo peculiar de ser profundamente arraigados en los habitantes desde los tiempos fenicios.
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