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Universidade Federal de Pernambuco Depto. de Letras, Programa de Espanhol Disciplina: História da Língua Espanhola |
Centro de Artes e Comunicação Professor: Dr. João Sedycias Código da Disciplina: ______ |
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Source: SiSpain.Com
El reino visigodo
Hacia el siglo V D.C. los visigodos eran ya un pueblo romanizado, que se consideraba a si mismo heredero del difunto poder imperial. Alrededor de la mitad de ese siglo, la triple incursión de los suevos por el Oeste (Galicia), los pastores cántabro-pirenaicos por el Norte y los bizantinos por el Sur, la Bética, les obligaron a establecer la capital en Toledo, en el centro de la Península. Esta decisión tenía implicaciones de gran significación: en primer lugar, porque, en lugar de un eje Este-Oeste peninsular, desde Lisboa a Cartagena, se creó uno Norte-Sur, de Cantabria al Estrecho de Gibraltar.
En segundo lugar, era significativo porque constituía un primer intento de unidad peninsular independiente del Imperio y, en consecuencia, se ha considerado prácticamente hasta nuestros días que los visigodos fueron los creadores del primer reino peninsular, y lo que es más, el reino visigodo sirvió una y otra vez como fuente de legitimación para cualquier poder que intentara unir a Hispania; y en tercer lugar porque los Pirineos y Gibraltar, que ya no eran considerados meros lugares de paso ni escalas de un gran circuito imperial, se convirtieron en límites o fronteras de un Estado que había que defender.
Los visigodos se defendieron bien de los suevos en Galicia y los derrotaron en el siglo VI D.C. sin embargo, en el norte los vascones, los cántabros y los astures tuvieron más éxito en la resistencia al ataque de los visigodos que el que tuvieron en la resistencia a los romanos, y fueron casi tan expertos como lo fueron contra las moros. Desde el siglo VI al IX D.C. la Bética constituyó una excepción en Europa occidental. A diferencia de la Europa continental que progresivamente se cerró y se fragmentó, la Bética conservó su cultura urbana y sus conexiones comerciales y culturales en el ámbito mediterráneo: en primer lugar con el Imperio Romano oriental, con Bizancio y más tarde con el Califato musulmán.
Son años destacados de este periodo los siguientes:
587: Recaredo, heredero de Leovigildo, se convierte al catolicismo y levanta las barreras que había entre los godos y los hispano-romanos.
633: El IV Concilio de Toledo se atribuye el derecho a confirmar a los reyes electos. Se obligó a los judíos a bautizarse. La lengua vernácula, de origen latino, prevalece sobre la de las visigodos.
711: Las tropas musulmanas cruzan el Estrecho de Gibraltar y derrotan al rey visigodo Don Rodrigo en la batalla de Guadalete.
712: Muza ben-Nosair culmina la conquista musulmana. Fin del periodo visigodo.
Source: J. Carlos Guardiola & Lourdes Guerrero-Strachan
El periodo visigodo –
Factores de la llegada visigoda a la Península.
El bajo-imperio romano.
Las circunstancias en las que se desenvuelve el Imperio romano, tras las crisis de los siglos II y III, que transforman al Imperio de urbano a rural, y ante las dos oleadas de invasiones germánicas, son el caldo de cultivo en el que se van a crecer los neófitos del ya por entonces decadente imperialismo romano. Los pueblos invasores de la primera oleada (siglo 1) van a romanizarse, tomando a sus espaldas casi toda la responsabilidad de mantener la obsoleta estructura romana. Los pertenecientes a la segunda oleada (siglo III) se encontrarán con una Roma que ya sólo será una sombra de lo que fue.
Los visigodos, "los más romanizados de los bárbaros, habían compartido con los francos y los romanos el territorio de la Galia, de ella salieron para asegurar al imperio su último respiro."
La llegada (412)
Ante la situación creada en la provincia de Hispania tras la llegada de pueblos bárbaros pertenecientes a la segunda oleada (los suevos, vándalos y alanos) y su asentamiento en la indefensa provincia, los recién invadidos romanos de la zona de Tarraco piden ayuda a la metrópoli; ésta, ocupada en intrigas y guerras civiles, se muestra incapaz de la defensa del territorio y encarga a uno de los pueblos pertenecientes a la primera oleada la defensa de Hispania, zona en la que ya los bárbaros han arrasado y establecido un reino independiente. Igual mensaje de socorro se envía a la otra capital imperial (Bizancio). Ambas peticiones serán atendidas, aunque con fines, eficacia y medios distintos. Así pues los visigodos llegan a la Península, procedentes de su zona de asentamiento, Galia, con la única misión de expulsar a los intrusos. Realizada esta tarea, y cuando proyectan su vuelta a Galia, se ven encerrados a causa de un movimiento de acoplamiento que ha tenido lugar en el continente y en base al cual los francos les han "cerrado el paso" (año 507).
El asentamiento (418-517)Las tropas enviadas por Roma, y a las que dio todas sus bendiciones, se ven obligadas a un nuevo asentamiento dentro del Imperio, solicitado el permiso de asentamiento en la Hispania, y éste les es concedido. Se trata de un contingente de unos 200.000 visigodos para controlar a unos 7.000.000 de hispano-romanos. La ayuda bizantina en la operación de limpieza ha supuesto un contingente desplazado por Bizancio a la Península, que ahora va a ser utilizado por los visigodos en contra de los francos, ayuda que les va a suponer una pérdida del control de la zona Sur peninsular a favor de los bizantinos durante 50 años.
La ConsolidaciónCon la fundación de una nueva capitalidad (Toledo), tras la pérdida de la anterior en la zona continental franca (Narbona), puede darse por comenzado el "reino visigodo" en la Península. Un reino que no va a tener bajo su control la totalidad de la extensión peninsular y cuyo espacio geopolítico es muy variable.
El lento acercamiento de las dos posturas religiosas (los visigodos practican una variante del cristianismo llamada arrianismo mientras que los hispano-romanos con católicos) favorece la unión social. Bajo el reinado de Leovigildo las dos posturas se acercan y se prepara un nuevo código legal que abarque a las dos sociedades; pero la muerte del monarca hace que sea con su sucesor, Chindasvinto, cuando se continúe la elaboración que dará sus frutos con el siguiente monarca, Recesvinto, que será el que, finalmente, promulgue la nueva recopilación legal, conocida como Líber Iudiciorua (654) y que tendrá entre otras características, el ser una de las recopilaciones legales de mayor duración en el tiempo: se mantuvo en vigor durante gran parte de la Edad Media.
Economía y sociedad
Por ser fuerzas imperiales de ocupación, gozaron de todos los privilegios:
- Derecho de asilo en casa de hispano-romanos.
- Pueden adueñarse de tierras por ayuda militar prestada.
- Pueden adueñarse de tributos para mantener la tropa.
En definitiva, no se modificó el sistema romano, tan sólo el beneficiario. Para los dominados hispano-romanos todo seguía siendo igual, solo variaba la religión de los nuevos "controladores", que era arriana.
Las ciudades centralizaron en torno a sí los mercados, regionalizándolos, lo que dará lugar a una autarquía, insuficiente para mantener los volúmenes de comercio anteriores; la moneda también se resiente ante esta regionalización económica y su circulación es cada vez menor, siendo rnás frecuente el trueque que la compra.
Paralelamente, la minería, la industria y, como no, el comercio, entran en una fase de retroceso. La monarquía otorga a las dignidades eclesiásticas (arrianas y católicas) grandes cantidades de tierras, buscando una alianza con el poder, lo que no hace más que agravar la coyuntura, al aparecer los latifundios en manos de elementos eclesiásticos.
Los dominados se unen a sus obispos, creándose un círculo de influencia católica en el que llegan a caer elementos de la familia real (casos de Recaredo y Hermenegildo) que la llevan a un acercamiento, cada vez mayor, hacia el catolicismo; ello, unido al escaso valor numérico de los arrianos (unos 200.000) lleva a la monarquía visigoda al catolicismo. Este tránsito no se hace sin sacudidas políticas: en el 585 Hermenegildo se convierte al catolicismo y es ejecutado por su padre (que no ve claro que la monarquía de corte arriano pase a ser católica, aunque la mayoría de los arrianos hayan abandonado la vieja religión ya). Al romperse la línea sucesoria, la "herencia" pasa a su hermano Recaredo, que, lejos de mantener las viejas posturas arrianas, se convierte también al catolicismo y convoca un concilio (El término concilio tiene para los visigodos un carácter de asamblea. Cuando se produzca la conversión total, el término adquirirá carácter político a la vez que religioso)
Iglesia y monarquía
Durante los primeros momentos, la monarquía visigoda fue demasiado inestable, dada su característica de electiva y las pugnas por detentaría entre los grupos de poder nobles. En un principio, en base a sentar las diferencias de Hispania con el resto del Imperio, se crea un acercamiento con los hispano-romanos, buscando una estabilidad que no será conseguida. El siguiente paso en busca de esta estabilidad vendrá dado con el tránsito al catolicismo, que pasa a controlar, desde los concilios, las decisiones reales sin conseguir una pacificación en el acceso al trono; pero, identificando "Iglesia y Estado", cuyos intereses se funden mientras ambas se alejan del pueblo, que vive de espaldas, en muchos casos, a sus gobernantes ya que se encuentran inmersos en una dinámica de supervivencia en los núcleos rurales, dependiendo de los nobles hispano-romano-visigodos y de la iglesia monacal.
El núcleo hebraico, asentado en la Península desde antiguo, se ve perjudicado por la alianza entre las dos culturas, ya que la situación de desmonetarización de la economía y la caída del tráfico comercial les afecta muy directamente es sus intereses económicos y comerciales.
Instituciones de la monarquía
Estructura social Se puede observar la existencia de dos grandes grupos:
- Aula Regia : grupo de nobles. Asesoran al rey.
- Duques : Gobiernan provincias divididas en distritos
- Condes : Gobiernan distritos provinciales.
- Asamblea General del Pueblo Godo: carácter militar. Elige y proclama al monarca. Pierde su importancia y función tras la unión iglesia-monarquía.
La vieja administración romana (de ciudades) desaparece tras la proclamación del código común (Líber Iudiciorum).
Conclusiones
Privilegiados: Los nobles (hispano-romanos y godos), que detentan las grandes propiedades de tierras, con grandes privilegios y exenciones fiscales. Dentro de este grupo hay que incluir a la iglesia tras la unión.
No privilegiados: Eran los más numerosos y podemos diferenciarlos por su lugar de residencia (urbanos los menos). Muchos se encuentran bajo la protección de los nobles.
La Hispania visigoda fue eminentemente romana sin romanos. Su final vendrá dado por luchas dinásticas, en el transcurso de las que se verán incorporados a la Historia de España los musulmanes.
Es este un periodo de la historia de España que no deja casi huella, que no moldea el futuro carácter español... directamente, ya que se convertirá, durante el periodo de "re-creación" en la referencia constante y deformada.
Arte romano y visigodoDurante el periodo de presencia romana en la Península, el arte se convierte en una plasmación cercana de la presencia de un poder, el de Roma, que se encuentra lejano en el espacio; en nada difiere del realizado por Roma en otros lugares del Imperio. Se define la arquitectura como representación del poder lejano que desea hacerse presente al sometido. Otra faceta destacada es el relieve histórico junto al retrato.
El arte de los visigodos en la Península es una tardía y pobre continuación del romano con muy escasas aportaciones originales. Las características arquitectónicas giran en torno al muro de sillería, al arco de herradura y las cubiertas solucionadas con bóveda de cañón o de aristas. Las plantas son, genéricamente basilicales de una sola nave. Las artes plásticas son muy pobres, geometrizantes y de temática religiosa. La orfebrería es, sin duda, lo más característico; trabajaron el oro y piedras preciosas creando fíbulas, cruces y coronas votivas, que pasaron a integrar tesoros tan conocidos como los de Recesvinto o Suintila.
Source: Jaume Olle
Los bárbaros
[Historia española con énfasis en la historia de Navarra y Pamplona]
Los grupos bárbaros – los alanos, vándalos, suevos y visigodos – fueron quienes tuvieron alguna relación con los vascones, y siempre en el contexto del Imperio Romano de Occidente. El análisis individualizado en sus relaciones con los vascones, no podrían ser comprendidos sin una recopilación de hechos históricos más amplia (aunque necesariamente breve) que les sitúe en su contexto, que es lo que intentaremos en el presente capítulo.
En el 409 se produjo la llegada de Suevos, Vándalos y Alanos. Con ocasión de ello hemos citado a los hermanos Didimo y Veriano. Ahora corresponde ver quienes eran estos pueblos y personajes, porque luchaban y como acabaron. Situaremos además el dominio de los bárbaros en los territorios colindantes con Vasconia.
También hablaremos de los visigodos, que aparecen hacia el 415 y reaparecen después del 441, casi siempre en lucha con otros pueblos bárbaros.
Haremos una nueva referencia a la expedición de Requiario a principios del 449, la actuación de Frederico, hermano del rey visigodo, el 455, y el regreso de Requiario el 456, siempre en el marco de las luchas por el poder peninsular.
Y finalmente hablaremos del final del Imperio Romano de Occidente, el 476, y las conquistas subsiguientes del rey visigodo Eurico hacia el 481.
Los bárbaros
Reseñaremos primero brevemente algunos datos sobre suevos, vándalos y alanos, pueblos que cruzaron los Pirineos y cuya incidencia directa en la vida de Pamplona y los vascones fue efímera, aunque indirectamente tuvo mas duración.
Los suevosEl pueblo germano de los suevos, por su larga dominación en parte de Hispania, son el pueblo más estudiado.
Las noticias primitivas de este pueblo son confusas. César (finales del Siglo I a.C.) los situaba a la derecha del Rhin, cuando su rey era Ariovisto, asignándoles doscientos mil combatientes, cifra probablemente exagerada (200.000 personas sería el número total de integrantes de la nación sueva), ya que César seguramente pretendía aumentar su gloria por haberlos derrotado. Ariovisto había acudido a la Galia hacia el 71 a.C. acudían en ayuda de la tribu gala de los Secuanos (establecida junto al Sena) en su guerra contra los Eduos, y después se estableció en el país, percibiendo tributo de los Eduos, pero exigiendo la cesión de tierras a sus aliados secuanos; ambos pueblos galos se reconciliaron, pero fueron derrotados en Amagetobria por los suevos, por lo cual pidieron ayuda a Roma, que concedió su protección a los Eduos y otras tribus pero se abstuvo de intervenir militarmente contra Ariovisto para poder destinar las tropas a combatir contra los helvecios. César derroto a estos últimos, y acudió para combatir a Ariovisto, al que derrotó, y expulsó a los suevos más allá del Rhin. Una parte de los Suevos, que formaron las tribus de los Vangiones ("Los falsos"), los Németos, y los Tribocos o Triboques, quedaron a la izquierda del Rhin (ocupando las tierras de Worms, Espira y Estrasburgo respectivamente) y se sometieron a Roma, perdiendo al cabo de dos siglos su carácter germánico al celtizarse y romanizarse.
Tácito da nuevas noticias sobre los suevos, uno de los pueblos germánicos que lucharon contra el Imperio (Siglo I d.C.) e indica que emigraron en dos grupos: uno que se trasladó a Bohemia y otro a la región del Elba (de hecho entre el Elba y el Oder). Tácito da al Mar Báltico el nombre de Suebicum Mare (aunque también lo nombra como Oceanus Germanicus) lo que hace pensar que ocupaban la costa báltica desde el Elba. A los pueblos suevos en conjunto se les da la denominación de Herminiones o Hermiones (por su ancestro mitológico Irmino).
Estrabón los sitúa entre el Rhin y el Elba, y los califica como el pueblo germano más importante, indicando que los Ubios fueron expulsados por ellos (probablemente por la tribu de los Longobardos surgida de los Suevos) de sus tierras entre el Rhin y el Elba y hubieron de asentarse en territorio romano. Se cree que los Longobardos, Cuados, Hermundurulos, Semnones, Catos y otros incluyendo los Marcomanos podían ser tribus desgajadas del tronco de los suevos. La capital de los suevos es fijada en la fortaleza de Buiaenum, en la selva Herciniana.
Seguramente el rey Marcomano Marobodo o Marbod contó con la alianza de diversos grupos suevos en su lucha contra Roma. Hacia mediados del siglo primero después de Cristo el rey suevo Bannuis, hostil a Roma, fue derrocado por las tribus orientales de los Lugios (del grupo que después fue llamado vándalo) aliadas a los hermunduros, que estaban en buenas relaciones con Roma. Probablemente, durante algún tiempo, los suevos quedaron bajo influencia de Roma, pero más tarde volvieron a desarrollar una política hostil.
Tolomeo consideraba incluidos en los suevos a los Longobardos, Semnones y Anglos de la región de Magdeburgo, desgajados de los anglos del Schleswig.
En tiempos de Domiciano se cita ya a los Suevos en la región del Danubio, y Trajano luchó con ellos en la campaña de Dacia, sin llegar a someterlos. Con Marco Aurelio los suevos vuelven a ser citados, en ocasión de las luchas contra los Marcomanos.
Durante el siglo III su nombre apenas es mencionado, y avanzado el siglo IV se les unieron una parte de los Cuados, pertenecientes a unos de los grupos afines, que reforzaron al pueblo, y en el año 406 se unieron a los vándalos y alanos y penetraron en el Imperio.
Los suevos dieron su nombre a la región alemana de Suabia.
Los vándalosLos Lugiones o Vándalos ocupaban el territorio al Oeste del Vístula y junto al Oder, hasta el Norte de Bohemia. La palabra vándalo parece tener un doble significado y querría decir "los que cambian" y "los hábiles", mientras que su otro nombre, Lugios o Lugiones, también con doble significado, querría decir "mentirosos" y "confederados". Parece ser que al principio las tribus de los Vandulios (o Vandalios) y la de los Lugios (o Lugiones), junto con las de los Silingos, Omanos, Buros, Varinos (seguramente llamados también Auarinos), Didunos, Helvecones, Arios o Charinos, Manimios (tal vez denominación variante de Omanos, Elisios y Naharvales correspondían a pequeños grupos de origen similar (aunque no está claro que todas las citadas fueran del mismo origen), integrando otra rama del grupo de los Hermiones (una rama del cual eran los Suevos y tribus afines), formándose después un gran grupo identificado generalmente como Lugiones, cuyo nombre predominaba para designar a todos los pueblos componentes incluidos los Vándalos. Más tarde (siglo II d.C.) acabó prevaleciendo después el nombre de Vándalos para el conjunto de pueblos. También pueblos celtas como los Osen u Osos y los Cotinos (entre otros) entraron en la agrupación de los Lugiones.
Durante el siglo I d.C. las tribus del grupo de los Lugiones o Lugios (incluyendo entre ellas a las tribus de la rama de los Vándalos), estuvieron en guerra frecuente con los Suevos y los Cuados, contando ocasionalmente con la alianza de otras tribus, especialmente los Hermunduros. A mediados de siglo derrocaron a un rey de los suevos, y en el 84 d.C. sometieron temporalmente a los Cuados. Durante parte de este siglo y en el siguiente, se fundieron las diversas tribus de Lugiones y dieron origen a un grupo mayor conocido por Vándalos.
En tiempos de las Guerras Marcomanas ya predomina la denominación de vándalos, y aparecen divididos en varios grupos: los Silingos, los Lacringos y los Victovales, estos últimos gobernados por el linaje de los Astingos o Asdingos o Hasdingos, y cuyo nombre evocaba su larga cabellera. Junto a los Longobardos los Lacringos y Victovales o Victofalios cruzaron el Danubio hacia el 167 y pidieron establecerse en Panonia.
Los Asdingos o Victovales, dirigidos por Rao y Rapto (cuyos nombres son traducidos como "tubo" y "viga"), no fueron admitidos en Panonia (donde se habían establecido Longobardos y Lacringos) por lo que avanzaron hacia el 171 en dirección a la parte media de los Cárpatos durante las Guerras Marcomanas, y de acuerdo con los romanos se instalaron en la frontera Norte de Dacia. Más tarde se adueñaron de Dacia Occidental. Al parecer los vándalos quedaron divididos únicamente en Asdingos (o Victovales) y Silingos, desapareciendo mezclada entre ambos grupos y con los longobardos, la tribu los Lacringos, durante el siglo III.
A partir del 275 los Asdingos se enfrentaron a los godos por la posesión del Banato (abandonado por Roma), mientras los Silingos, seguramente bajo presión de los godos, abandonaron sus asentamientos en Silesia y emigraron junto a los Burgundios para acabar estableciéndose en la zona del Main. Sus ataques a Retia fueron rechazados por Probo.
El rey Asdingo Wisumarh (Wisumaro) combatió contra los godos procedentes del Este al mando de Geberico, que atacaron sus territorios. Wisumarh murió en lucha contra los godos y los integrantes de las tribus de Vándalos que no quisieron someterse a los godos hubieron de pasar a territorio imperial, estableciéndose en Panonia, donde también se establecieron los Cuados.
A principios del Siglo V habían abandonado Panonia (como también los Cuados) y se unieron a los suevos y alanos para invadir Las Galias. En las primeras luchas del año 406 murió el rey Godegisel (Godegisilo). Como más tarde veremos, pocos años después los dos grupos vándalos acabaron fusionados.
Parece ser que los Silingos dejaron su nombre a Silesia (derivado de Silingia) y los Vándalos en general lo dieron a Andalucía (Vandalusía). Un ducado de la Pomerania llevó antiguamente el nombre de Vandalia.
Los alanosA diferencia de los suevos y vándalos, que eran pueblos germánicos, los alanos eran nómadas asiáticos probablemente de origen escita - sármata (Alain en lengua escita significa "montaña").
Parece que antes del siglo primero antes de Cristo vivían en el Norte del Cáucaso y aunque después efectuaron varias incursiones a territorio romano (y parto) seguían establecidos en la zona en el siglo III d.C., pero en el siglo IV fueron expulsados de allí por los hunos.
De los alanos dice Amniano Marcelino que eran muchos, y estaban extendidos por todos los países. Los alanos eran rubios, hermosos y arrogantes. Consideraban una felicidad morir en la guerra y conservaban restos de los enemigos muertos, especialmente la piel del cráneo que colgaban como trofeo del petral de sus caballos. No adoraban a ningún dios y rendían culto a una espada clavada en tierra. Sus autoridades eran unos jueces nombrados entre los guerreros ancianos más valientes. No conocían la esclavitud.
Expulsados por los hunos el pueblo casi entero emigró (los que permanecieron en las montañas del Cáucaso debieron dar origen al actual pueblo de los Osetios) y se unió a los visigodos y a parte de los ostrogodos, estableciéndose con ellos en Tracia y Mesia, y rebelándose también con ellos el 377 contribuyendo a la victoria de Adrianópolis sobre las fuerzas imperiales, obteniendo tierras en Panonia el 383. El 387 una parte de los alanos se aliaron a los hunos y el 405 los alanos de Panonia se unieron a una confederación organizada en torno a Radagaiso que fracasó. Los grupos de suevos, vándalos, alanos y otros, que quedaron al otro lado del Rhin, reforzados después con los que regresaron de la desafortunada expedición a Italia, invadieron Las Galias el 406.
Los visigodosEl pueblo germánico de los godos fue nombrado ya por Tácito, que los llamo Gotones. Entonces habitaban el Norte de Germania, en tierras que antes poblaron Boyos, Getas y Escitas . Ampliaron sus territorios e incorporaron a otros grupos vecinos (de origen germano y sármata) y dominaron del Theiss al Don y del Ponto al Báltico.
Integraron la nación de los godos pueblos diversos: hérulos, rugios, lemovios, esciros, helvecones, sidenios, turcilingos, gépidos, vándalos y otros, algunos de los cuales acabaron desapareciendo en el conjunto, mientras otros formaron sus propios grupos. Los godos propiamente dichos se dividían en Theruingi (Tervingos) y Greuthungi. Los primeros poblaron el territorio entre los Cárpatos y el Dnieper y los segundos las estepas ucranianas al Este del Dnieper. Así este río servía de limite entre ambos grupos y los Theruingi fueron llamados west gohts (visigodos) por situarse en Occidente (West en germano), y los Greuthungi fueron llamados ost gohts (ostrogodos) por situarse en el Este (Ost en germano). Otra versión atribuye la denominación visigodos a la palabra germana wisgohts, traducida por "hombres fuertes".
Durante el siglo III ambos grupos efectuaron incursiones contra el Imperio, destacando las del 251 (contra Misia y Tracia), la del 258-259 (contra la costa del Mar Negro, Propóntide, las islas del Egeo, Efeso, Atenas y otros puntos) y la del 269 (contra Creta, Chipre, Tesalónica y otros puntos). El 270 Aureliano hubo de abandonar la margen izquierda del Danubio (Dacia) cesando entonces sus incursiones, ocupando los godos esta provincia.
Un siglo después, hacia el 370, ya habían sido cristianizados habiendo optado por el arrianismo (que a mediados del siglo IV contó con el favor imperial en Oriente), y estaban gobernados por un rey llamado Hermanrico o Ermrich, el primer rey histórico de la dinastía de los Amalos, quien hubo de enfrentarse a los hunos dirigidos por Balamir el 375. Hermanrico, ya anciano, fue gravemente herido en un atentado y se suicidó antes de una inminente derrota, sucediéndole Witimiro o Winithar, cuyo intento de resistir a los hunos no tuvo éxito y él mismo resultó muerto. Los magnates ostrogodos eligieron un nuevo rey para su pueblo (la dinastía legitima ostrogoda de los Amalos preconizaba el mantenimiento de la unidad de todos los grupos godos, bajo su dirección) y se sometieron a los hunos. Pero los visigodos, que eran unos doscientos mil, se reunieron en la orilla norte del Danubio y pidieron al Imperio, contra el que habían combatido unos años antes, que les aceptaran en sus territorios y se les otorgaran tierras donde asentarse. Una parte de los ostrogodos, a cuyo frente figuraba el rey niño Viderico, de la dinastía legitima de los Amalos, marchó con los visigodos, y uno de sus descendientes enlazó años después con la dinastía ostrogoda (en tiempos de Teodorico el Grande).
Al grupo (esencialmente formado por visigodos) se le permitió asentarse en la orilla Sur del Danubio y los Balcanes (Tracia y Mesia). Parece ser que existía un jefe o juez llamado Atanarico, pero fue suplantado por Fritigern o Fritigerno, que era arriano y contó con ayuda del Emperador Valente (también arriano). Pero la explotación a que fueron sometidos por los funcionarios imperiales y por jefes militares romanos les creó una situación insostenible para su orgullo. Fritigern y los magnates visigodos presentarían quejas y el general romano Lucipino intentó asesinar a Fritigern durante un banquete; el intento fracasó y Lucipino resultó muerto. Fritigerno y los visigodos se rebelaron (377) en Marcianópolis (Misia Inferior), venciendo a las fuerzas imperiales en Adrianópolis (el 9 de Agosto del 378) en cuyo combate murió el Emperador Valente. Su sucesor Teodosio, tras combatirles algún tiempo, ajustó con ellos la paz (381), pero hubo de asentarlos más firmemente en el Imperio y darles un papel importante en el ejercito. Fritigern parece haber gobernado hasta después del 380, y la sucesión debió recaer en Badengaudo, de la familia de los Baltos. Aunque el arrianismo fue condenado por la Iglesia desde el 381 los visigodos se conservaron fieles a esta doctrina. Los godos tuvieron como primer obispo a Ulfilas, que tradujo la Biblia al godo. Los visigodos obtuvieron una participación destacada en las guerras civiles del 388 (contra Máximo) y 394 (contra el pagano Eugenio). Cuando murió Teodosio (17 de Enero del 395) los visigodos estaban gobernados por Alarico I, hijo de Badengaudo; Alarico fue el primero que gobernó sobre la totalidad de los visigodos; con él se restauró plenamente la dinastía de los Balthos o Baltos. Alarico atacó Constantinopla y asoló Grecia (395 y 396). El General Estilicón logró expulsarlos de Grecia, pero el Emperador, temeroso del poder del general, designo a Alarico gobernador de Iliria, logrando con ello cinco años de paz (396 a 401).
El 401 Alarico marchó contra Italia pero fue derrotado cerca de Pollentia (6 de Abril del 402) y después en Verona. Probablemente Estilicón negoció con Alarico su ayuda contra otros bárbaros como Radagaiso, y se cree que le fue ofrecida la confirmación como Magister Militum y gobernador de Iliria, con unos limites que entraban en contradicción con las reivindicaciones territoriales de Oriente. El partido nacionalista romano, tal vez instigado por el gobierno de Constantinopla, acusó a Estilicón de preparar la entrega del Imperio a Alarico, y urdió un complot. Estalló una revuelta de tropas que obligó a Estilicón a refugiarse en una Iglesia, siendo asesinado en el momento de salir (tras prometérsele que salvaría la vida si salía) por Olimpo, bajo ordenes del Emperador Honorio (23 de Agosto del 408). Alarico regresó a Italia y obtuvo nuevas concesiones de Honorio que se había establecido en Rávena, pero una vez se retiraron los visigodos, Honorio no mantuvo sus promesas. Los visigodos marcharon hacia Roma y apoyaron la proclamación de un usurpador llamado Prisco Atalo (409), que era de origen jonio y probablemente arriano, el cual concedió a Alarico el titulo de Magister Militum. Pero Atalo no quiso o no pudo cumplir sus promesas y el rey visigodo regresó a Roma, depuso al usurpador (14 de Agosto del 410) y sus hombres saquearon la ciudad eterna durante tres días, tras o cual la abandonaron llevándose con ellos a Atalo y a Gala Placida, hermana de Honorio. De Roma pasaron al Sur devastando Campania, Apulia y Calabria. Alarico murió en el sitio de Cosenza (410) y le sucedió su cuñado Ataulfo. Éste pactó con Honorio la salida de Italia a cambio de la concesión del gobierno de Las Galias (territorios que escapaban del control de Roma, pues se habían sometido a Constantino).
Las largas y complejas luchas de Ataulfo para dominar el Sur de Las Galias le ocuparon varios años (411 a 414). El 414 el rey Ataulfo, que tras una alianza con Honorio y con el Magister Militum Constancio, había vuelto a actuar por su cuenta, se casó con Gala Placida, hermana de Honorio. Constancio fue enviado a la zona y los visigodos fueron derrotados en Narbona. Constancio logró desviar a Ataulfo hacia Hispania (lo que le permitía conservar el Sur de la Galia), y los visigodos entraron en la Tarraconense el 415. El 416 Ataulfo propuso una alianza con el Imperio, en nombre del cual se encargaría de combatir a los Suevos, Alanos y Vándalos Asdingos y Silingos que ocupaban las provincias de Hispania excepto la Tarraconense. Con tal motivo Ataulfo se traslado a Barcino (415 o 416) pero allí fue asesinado por el esclavo Dubius, a quien se supone instigado por su sucesor Sigerico o bien por el noble Barnolfo, supuesto amante de Gala Placida.
Los bárbaros en Hispania
Como hemos visto tres pueblos se asentaron inicialmente en las provincias de Hispania: Suevos, Alanos y Vándalos (divididos en Asdingos y Silingos). Para llegar allí habían tenido que ocurrir diversas cosas que reseñaremos brevemente.
El 406, grupos de Alanos, Vándalos, Suevos, Burgundios y Hérulos, agrupados en torno a un jefe llamado Radagaiso, invadieron Italia. Otro grupo, avanzando desde la región de Maguncia, asolo la zona entre el Rhin y el Canal del Mancha, es decir la mitad Norte de la Galia Los primeros ataques partieron de los Alanos, nómadas asiáticos procedentes del Cáucaso, a los que siguieron los Vándalos, dirigidos por el rey Godegisilo, los suevos, y otros grupos. Simultáneamente las legiones de Britania se rebelaron y proclamaron sucesivamente a dos Emperadores, a los que luego asesinaron, proclamando finalmente a un tercer Emperador llamado Constantino (finales del 406 o principios del 407), cuya elección parece ser debida a la coincidencia de nombre con el primer Emperador cristiano. Constantino atravesó el Canal con fuerzas britanas, desembarcando en Boulogne, y aprovechó el caos creado por la invasión de los bárbaros para hacerse reconocer en algunas provincias (407) y finalmente en toda La Galia. Constantino designo César a su hijo Constante, que antes había sido monje. Hacia el 408, en circunstancias desconocidas o cuando menos dudosas, los gobernantes de las provincias de Hispania también se le sometieron.
Pero el Emperador Honorio contaba con muchos apoyos en Hispania, pues pertenecía a la dinastía Teodosiana, fundada por el hispano Teodosio. Parece que unos primos de Honorio, llamados Didimo y Veriano, organizaron un ejercito con los esclavos y colonos de sus propiedades (ejercito al que debían alimentar a costa de su patrimonio propio) y ocuparon los pasos Pirenaicos, no sabemos exactamente con que finalidad ¿Para aislar Hispania de La Galia? ¿Para impedir la llegada de tropas de Constantino? ¿Para prevenir un ataque bárbaro?. Constantino envió a Hispania a su hijo Constante, al que elevó a la dignidad de Augusto, nombrando César a otro hijo llamado Juliano. Didimo y Veriano pidieron ayuda a Honorio, pero este se limitó a conceder honores teóricos. Constante venció a Didimo y Veriano (probablemente a principios del 409), cuyas tropas seguramente tenían escasa capacidad combativa, y Honorio no tuvo más remedio que reconocer a Constantino como Augusto. Constante, quien no confiaba en las milicias de las provincias de Hispania (que al parecer no tomaron partido en la lucha contra Didimo y Veriano) encargó la custodia de los pasos pirenaicos (en esta ocasión parece claro que con la finalidad de impedir correrías de los bárbaros) a unos mercenarios bárbaros de incierto origen, que eran conocidos como los honoriaci, y dio el mando al General (probablemente de origen germano) Geroncio, quien, con el apoyo de las fuerzas regulares, se opuso a que la misión de vigilancia fuera encargada a los honoriaci, lo que le costó la destitución. Constante confirmó el encargo a los honoriaci. No se sabe que ocurrió, pero estos mercenarios bárbaros, bien fuera por negligencia, por traición o por incapacidad, permitieron el paso de los suevos, vándalos y alanos hacia Hispania, avanzado ya el año 409 (las fechas más probables son el 28 de Septiembre o el 13 de Octubre). Asolada Hispania, Geroncio se rebeló y proclamó Emperador a su amigo el General Máximo, de quien se sabe que acuñó moneda en Barcino. Constante huyó a La Galia. Geroncio reunió a sus tropas y pasó a La Galia, capturando en Vienne a Constante, que fue ejecutado poco después. Constantino, que tenía previsto invadir Italia, se vio obligado a suspender sus planes, y quedó sitiado por Geroncio en Arles. Mientras los Alanos (al mando de Atax), los Asdingos (gobernados por Gunderico), los Silingos (dirigidos por Fridibaldo) y los Suevos (liderados por el rey Hermenrico), saquearon las regiones por las que pasaban. Probablemente el Emperador Máximo (y a través de él, Geroncio) pactó con ellos reconociéndoles la condición de federados, y les cedió todas las provincias de Hispania excepto la Tarraconense (410).
El 411 el Emperador Honorio envió a la Galia al Magister Militum Constancio, con un ejercito. Geroncio se encontraba aun en Arles, donde mantenía el sitio de Constantino. Atacado Geroncio por Constancio, hubo de huir a la Tarraconense, y Constantino hubo de rendirse a Constancio, siendo ejecutado junto con su hijo el César Juliano. Mientras en la Tarraconense las tropas de Geroncio se rebelaron; Geroncio acabó suicidándose con su familia y el Emperador Máximo se refugió seguramente con los aliados bárbaros (probablemente con los alanos). El ejercito de Hispania se sometió a al General Constancio y por tanto al Emperador Honorio. Las tropas fueron enviadas poco después (413) a África, seguramente para sofocar la rebelión iniciada en dicho año por el gobernador Heracliano, y más tarde pasaron a Italia. Por tanto desde el 413 la Tarraconense careció de fuerzas regulares romanas. Honorio pudo ratificar (formal o tácitamente) el pacto concertado entre Máximo y los alanos, vándalos y suevos, reconociendo a estos la posesión de cuatro provincias como federados, pues la Tarraconense pudo dejarse desguarnecida y no fue ocupada durante los dos años que permaneció sin tropas. Pero seguramente Honorio y Constancio no renunciaban a expulsarlos cuando la situación mejorara.
Constancio quedo en La Galia, donde poco después hubo de hacer frente en el Norte del territorio, a la rebelión de Jovino y Sebastián (apoyados por los Francos y Alamannos), el primero de los cuales, de origen galo, había tomado el título de Emperador en Maguncia el 411 asociando a su hijo o hermano Sebastián con el título de César; y en el Sur a la actuación belicosa del General visigodo Saro, enemigo de la dinastía visigoda, que al frente de parte de los visigodos, empezaba a ocupar el Sur de la Galia también el 411; las hordas visigodas procedentes de Italia, al mando de Ataulfo, también llegaron al Sur de la Galia el 411 y el 412 Ataulfo decidió aliarse con Honorio, que le confió importantes dignidades en Las Galias. Para combatir a los rebeldes del sur de La Galia liderados por Saro y los del Norte, dirigidos por Jovino y Sebastián, Constancio recurrió a las fuerzas visigodas, encargando la misión a Ataulfo. Éste propuso a Jovino su reconocimiento como Augusto y el gobierno de la provincia de Germania y seguramente otras provincias; Saro por su parte intentó aliarse con Jovino, y le hizo el mismo ofrecimiento. Como no se llegó a un acuerdo Ataulfo, en colaboración con el Prefecto de las Galias, Dardano, atacó a Saro (ahora aliado de Jovino) y le dio muerte. Dardano sitió a Sebastián en Narbona, a donde se había trasladado y se había hecho fuerte (Dardano tomo Narbona y Sebastián fue preso y decapitado), y el rey visigodo atacó a Jovino en Valence, que fue tomada, siendo capturado Jovino, al que poco después hizo ejecutar Dardano (hacia el 413).
En el pacto del 412 entre Honorio y Ataulfo se incluía por parte del visigodo la entrega de Gala Placida, hermana del Emperador capturada el 410 en Roma y que Ataulfo conservaba como rehén (también tenía en su poder al ex Emperador Prisco Atalo, por si consideraba conveniente u oportuno presentarlo como candidato dócil al Imperio). Por parte de Roma se establecía que los visigodos deberían ser abastecidos. Como el Imperio no podía atender al abastecimiento de las numerosas fuerzas visigodas, Ataulfo no devolvió a Gala Placida. El Magister Militum Constancio, que aspiraba a casarse con Gala Placida instigó a Honorio a exigir la entrega de Gala. Ataulfo se negó y estalló de nuevo la guerra entre visigodos y romanos. Los visigodos atacaron Marsella, donde esperaban poder proveerse de víveres (el hambre se dejaba sentir entre sus huestes), pero fueron derrotados por el comes Bonifacio. Ataulfo resultó herido y se vio obligado a retirarse hacia el Oeste, ocupando entonces Narbona (durante la vendimia del 413), Tolosa, Burdeos y otras ciudades del Sur, y a finales del año dominaban completamente Aquitania, Novempopulania y Narbonense. Poco después, a través del oficial romano Caudidiano, al servicio de Honorio y que gozaba de la confianza de Gala Placida, se concertó el enlace entre Ataulfo y la hermana del Emperador que se celebró a principios del 414 en casa del galo-romano Ingenio, al estilo pagano. La novia aceptó la unión de buen grado, esperando servir como prenda para la unión de visigodos y romanos, pero Honorio se consideró ofendido, mantuvo su hostilidad a Ataulfo, y ofreció la mano de Gala Placida a Constancio, si lograba expulsar a los godos de La Galia. Constancio, con un ejercito numeroso, logró ocupar Marsella, y obtener una victoria importante en Narbona, apoderándose de toda la zona costera Mediterránea. Gala Placida forzó a Ataulfo a renunciar a combatir por mantener el gobierno de la Narbonense, y los visigodos de la región se retiraron a la Tarraconense (fines del 414) sin intentar combatir con Constancio, lo que provocó las iras de los jefes visigodos, mientras Ataulfo permanecía en Aquitania, y preparaba una alianza con Honorio, trasladándose más tarde a la zona para fijar su residencia en Barcino (seguramente avanzado el 415 o ya en el 416), abandonándose seguramente Aquitania. Nada más llegar a Barcelona, Gala Placida alumbró a un hijo llamado Teodorico, y con tal motivo se intentó la reconciliación con Honorio que éste no aceptó. Teodorico murió a las pocas semanas. Como el descontento había crecido entre los magnates visigodos, Ataulfo fue asesinado por un esclavo, palafrenero en las cuadras reales, llamado Dubius, al que se supone instigado por Sigerico, magnate visigodo hermano del General Saro, que había mandado fuerzas visigodas en el Sur de La Galia que no obedecían a Ataulfo, y al que este había derrotado y dado muerte, acogiendo después a la gente del vencido. También se habla de un noble llamado Barnulfo, que al parecer pretendía la mano de Gala Placida. Antes de morir Ataulfo recomendó la elección de su hermano Walia, pero el partido intransigente llevó al trono a Sigerico.
Los visigodos en Hispania
Así pues, hemos visto a los visigodos, bajo el gobierno de Ataulfo, pasar a Hispania el 415. El nacimiento de un hijo de Ataulfo y Gala Placida, la hermana del Emperador Honorio, al que se dio el nombre de Teodorico, podía haber favorecido la alianza de visigodos y romanos, pero la muerte de este hijo (el 415 probablemente), que además era el más próximo heredero de Honorio, y el asesinato de Ataulfo por su esclavo Dubius en Barcino (probablemente el 416) frustró esta posibilidad. Fue elegido rey Sigerico, que era hermano del General Saro, al que Ataulfo había derrotado, pero el nuevo rey fue asesinado al cabo de una semana, quizás en venganza por haber instigado el asesinato de Ataulfo. Entonces fue proclamado Walia, hermano de Ataulfo, quien inmediatamente hizo un pacto de alianza con Honorio. Gala Placida, a la que Honorio reclamaba, pudo regresar a Roma y se casó con Constancio (417) el cual fue después asociado al Imperio (418). Honorio reconoció a Walia la condición de Magister Militum en Hispania y le encargó combatir a los Suevos, Vándalos y Alanos, probablemente en los términos que ya había planificado anteriormente Ataulfo y que Honorio no había aceptado mientras no se le devolviera a su hermana. Desde el 416 al 418 Walia combatió contra los bárbaros que ocupaban cuatro de las cinco provincias de Hispania.
Durante estos años los visigodos combatieron con éxito a los Vándalos Silingos, cuyo rey era Fridibaldo (que el 417 fue capturado y entregado a Honorio), expulsándolos de la Bética . A su vez los vándalos, cuyo rey era Atax, fueron también derrotados hacia el 417 o 418 y se fusionaron a los Vándalos Silingos, formándose un único grupo que a su vez se unió a los vándalos Asdingos (hacia el 418) que dominaban el Norte de Galecia. Con ello parte de Hispania quedo pacificada y el Imperio recobró una un control aparente sobre la Bética, Lusitania y Cartaginesa (aunque los suevos conservaron el Sur de Galecia y de la región de Asturias perteneciente a la Tarraconense, y en el Norte de ambas permanecieron los Asdingos reforzados con alanos y silingos). Las fuerzas visigodas regresaron en su mayor parte al Sur de la Galia, donde se les permitió establecerse con la condición de foederatis, fijando su capital en Tolosa. En esta ciudad murió Walia el 419, quien tuvo por sucesor a Teodorico, que se cree que era hijo de Alarico I y sobrino de Ataulfo a través de la esposa de éste. Los últimos contingentes visigodos que quedaban en Hispania regresaron a la Galia tras la muerte de Walia. Entonces los vándalos Asdingos, reforzados con la unión de los silingos y alanos, emigraron desde sus asentamientos hacia el Sur y se apoderaron de la Lusitania y seguramente de la Cartaginesa, al menos parcialmente (¿418? ¿419?), mientras los suevos se extendían a las zonas que aquellos dejaban en Galecia y Asturias. Tras un ataque a los suevos (¿420?) que fue rechazado, tal vez hubieron de abandonar posiciones en las dos provincias (Lusitania y Cartaginesa) y se desplazaron a la Bética, que ocuparían con rapidez (hacia el 421) mientras que los suevos probablemente pudieron tomar el control de parte de Lusitania, donde seguramente los vándalos se mantuvieron.
El 421 murió Constancio III (11 de Septiembre). Poco después el Magister Militum Flavio Castino fue enviado contra los vándalos a los que al parecer derroto en un primer combate, pero fue derrotado (422) según se cree por la traición de las tropas auxiliares visigodas, a las cuales se lo habría ordenado Gala Placida, quien favorecía el ascenso del comes Bonifacio, gobernador de África y rival de Castino. No obstante parece que los romanos pudieron recuperar la Cartaginesa o parte de ella.
El 423 murió Honorio y el trono fue usurpado por un funcionario de la corte llamado Juan "el Secretario", en oposición al cual fue proclamado en Tesalónica el niño Valentiniano III, hijo de Constancio III y de Gala Placida, que contaba con el apoyo de Teodosio III, emperador de Oriente. Tropas del imperio oriental lograron colocar en el trono a Valentiniano III" bajo regencia de su madre Gala Placida.
Una afortunada expedición del rey vándalo Gunderico contra Cartago Nova (426) les permitió apoderarse de la flota romana. Gunderico o Gonderico murió el 427 o 428 y su hermano y sucesor Genserico, decidió pasar a África, donde el gobernador Bonifacio se había rebelado, y estaba erigido de hecho en un soberano regional independiente. Los vándalos cruzaron el estrecho (429) hacia África, aunque conservaron sus dominios hispanos (La Bética completamente y las provincias de Lusitania y Cartaginesa con toda probabilidad solo parcialmente). Aprovechando la salida de los vándalos, el rey de los suevos Hermingar, avanzó hacia el Sur y ocuparon la Lusitania (430), pero Genserico regresó apresurada e inesperadamente y derrotó al rey suevo en Mérida, muriendo Hermingar (Hermengario) ahogado en el Guadiana. El dominio suevo no era bien acogido por los propietarios gallego-romanos, quienes, aprovechando la muerte del rey enviaron una embajada al Magister Militum Aecio el 431, pidiendo su ayuda contra ellos, embajada que estuvo presidida por el historiador Hidacio.
No obstante la acción de Genserico para retener Lusitania, parece ser que la política africana absorbió a los vándalos, que el 432 se retiraron de Hispania (abandonando la Bética y Lusitania y todos los territorios que dominaban en la Cartaginesa) y parece que los romanos pudieron restablecer su dominio sobre la totalidad de la Cartaginesa, y sobre la Lusitania y la Bética, e incluso los habitantes romanos de Galecia concibieron esperanzas de librarse del dominio suevo, cuyo rey Hermerico, organizó diversas expediciones después del 432, probablemente en su mayoría hacia Lusitania, que quizás logró ocupar parcialmente.
Hermerico abdicó el 438 (probablemente murió el 441) y le sucedió su hijo Requila, quien se aseguró la posesión de Lusitania (ocupación de la capital, Mérida, el 439), ocupó la Bética (toma de Sevilla el 441, al parecer sin resistencia) y entró en la Cartaginesa. Seguramente después de la toma de Mérida, Aecio envió a la zona (¿respondiendo a la petición de ayuda de los propietarios gallegos?) al comes Censorino, que el 440 fue derrotado por los suevos, y ejecutado después en Sevilla (¿441?). El 446 fue enviado contra ellos el Magister Militum Vito, quien los combatió en la Cartaginesa y en la Bética con fuerzas auxiliares visigodas, pero derrotadas sus tropas por Requila, Vito ordeno una ignominiosa retirada.
Mientras tanto los visigodos permanecían establecidos en Aquitania donde no siempre se comportaron como fieles aliados del Imperio, intentando a menudo extender su área de influencia.
Los Vándalos ocuparon Cartago el 439 e iniciaron ataques a Sicilia. El Imperio hubo de reconocerles la posesión de África, sin sujeción a la autoridad Imperial.
El 448 murió el rey suevo Requila, que era aun pagano. Le sucedió su hijo Requiario, que ya era católico. Con el nuevo rey el pueblo suevo asumió prácticamente en su totalidad, la nueva religión, y se abandonaron las practicas paganas. Al parecer a finales del 448 efectuó una primera incursión a la Tarraconense, repitiéndola después a principios del 449 (según ya hemos visto en un capítulo anterior). Finalmente, en este último año, se ajusto un acuerdo con los visigodos, cuyas fuerzas auxiliares defendían la provincia atacada, y el rey suevo casó con la hija del rey Teodorico I.
El 451 las hordas de los Hunos, confederación de tribus en la que estaban, entre otros, los Hérulos, los Escitas, los Sármatas, los Ostrogodos, los Gépidos, los Boyos, los Turingios, los Francos, los Alanos y los Borgoñones, avanzaron hacia Europa Central y La Galia. El General Aecio les combatió, trabándose la batalla decisiva en los Campos Cataláunicos, donde el general romano (de origen escita) obtuvo una brillante victoria (20 de Septiembre del 451). En esta batalla murió el rey visigodo Teodorico I, que combatía en el bando imperial dirigido por Aecio. Como sucesor de dicho rey, fue elegido su hijo Turismundo. Tras esta victoria, de gran repercusión en la política de su tiempo, el rey suevo Requiario, ya vinculado familiarmente a la dinastía real visigoda, concertó una alianza con Roma, mediante la cual se le reconoció la posesión de Galecia y Lusitania, pero hubo de abandonar la Cartaginesa y renunciar a cualquier pretensión sobre la Tarraconense. En cambio no es seguro que ocurrió con la Bética, pues según unos hubo se ser devuelta al igual que la Cartaginesa, mientras para otros pudieron conservarla al igual que la Lusitania.
El 453 Teodorico asesinó a su hermano Turismundo, y se hizo proclamar rey de los visigodos (Teodorico II), contando con la ayuda de su hermano Frederico o Federico. Gala Placida había muerto el 450 (los visigodos conservaban cierta fidelidad a esta dama) y su hijo el Emperador Valentiniano III fue asesinado por el Senador Petronio Máximo el 455, proclamándose en su lugar y casando con Eudoxia (viuda de Valentiniano) la cual no tardó en llamar a los vándalos, que saquearon Roma. Máximo pidió ayuda a Teodorico II pero fue asesinado cuando huía junto a su hijo (y César) Palidio. Teodorico y las tropas visigodas se presentaron en Roma (abandonada por los vándalos que se llevaron a Eudoxia y a sus hijas Eudoxia y Placida) y habiendo muerto Máximo proclamaron Emperador a Marco Cecilio Avito, antiguo maestro de retórica de Teodorico. Genserico, el rey vándalo, casó a su hijo Hunerico con Eudoxia, una de las hijas de la Emperatriz Eudoxia.
Quizás enterados los suevos de la marcha de los visigodos a Italia, Requiario rompió la paz, alegando probablemente que la había firmado con el fallecido Valentiniano III, e invadió la Cartaginesa, que al parecer ocupó, pero cuando trató de hacer lo mismo con la Tarraconense, las tropas romanas recibieron el eficaz auxilio de los visigodos y obligaron a Requiario a retirarse. Requiario fue derrotado en el Río Órbigo (456) cerca de Astorga, y las tropas visigodas alcanzaron Braga que fue saqueada (28 de Octubre). Requiario, fugitivo, fue descubierto a finales del año 456 y apresado, y Teodorico II, a pesar de que era su cuñado, ordenó su ejecución (Diciembre).La anarquía se apoderó del reino suevo donde varios jefes se disputaron la corona. Fue proclamado rey un tal Maldras (o Maldrás o Masdra o Masdrá) "hijo de Masila", pero en las zonas ocupadas por los visigodos fue instalado Frantás (o Frantas o Frantán o Frantan o Tantra o Tantrá o Franta o Frantá). Otro partido se decantó por Frumario. También aparece en la crónica de Hidacio un rey llamado Aivulfo o Agilulfo, que se cree que era un godo renegado. Agilulfo y Tantra fueron los primeros en desaparecer (el mismo 457 o en 458).
Desde el 456-457 los suevos perdieron el control de la Bética, Lusitania y Cartaginesa (e incluso de parte de Galecia), que pasó de nuevo a Roma. Sabemos que a fines del 456 Teodorico alcanzó Mérida, pero el 457 había regresado de nuevo a La Galia. Mientras estaba en Hispania, el Emperador Avito se había hecho impopular, y un jefe militar llamado Ricimer o Ricimero, que por parte de madre era nieto del ex rey visigodo Walia (la madre de Ricimer era hija de Walia) y por el lado paterno era hijo de un magnate suevo, se rebeló y derrocó a Avito, que había gobernado catorce meses. Avito fue tonsurado y nombrado Obispo. Tras unos meses de interregno, Ricimer optó por sentar en el trono al general Julio Mayoriano (457). Teodorico se enteró de la noticia coincidiendo con el final de su actuación en Hispania, y decidió oponerse a los hechos consumados, por lo cual atacó posesiones imperiales (desde el 457).
En el reino de los Suevos Tantra murió en fecha indeterminada (quizás el 458) pero entró en la disputa Requismundo. Por otra parte, muerto Maldras hacia el 460 le sucedió su hijo Remismundo que probablemente obtuvo apoyo visigodo.
El 461 Ricimer destituyó a Mayoriano y colocó en su lugar al General Libio Severo III. El Norte de La Galia se había rebelado bajo la dirección del general romano Egidio, que se tituló rey de los francos; y en el Sur Teodorico prosiguió su expansión en Septimania (la provincia Narbonense), y en el mismo año ocupaba Narbona (mediante una traición). La provincia Narbonense quedó completamente en sus manos el 462 y la expansión prosiguió después hacia los territorios al Norte de dicha provincia.
En territorio de los Suevos, el rey Requismundo primero (hacia el 461), y Frumario después (hacia el 464) fueron eliminados y Remismundo se convirtió en rey único (hacia el 464) y abrazó el arrianismo defendido por los visigodos, arrastrando tras de sí a su pueblo. Remismundo estaba casado con una hija de Teodorico II, la cual era arriana y probablemente contribuyó a la conversión de su esposo junto con el gálata Ayaz.
El 463 el general Egidio, tras diversas alternativas, perdió parte de sus dominios ante el antiguo rey de los Francos Salios, Childerico I, que regreso de Turingia, reuniéndose con el, poco después, su amante Bisina (esposa del rey de los Turingios Bisino). Childerico obtuvo el apoyo de parte de la nobleza y se hizo dueño del Norte de la Galia, si bien Egidio conservo Reims, París y Soissons. Childerico renunció a proseguir su lucha contra Egidio, y este pudo frenar el avance de los visigodos de Teodorico, derrotando decisivamente a las fuerzas godas al mando de Frederico (hermano de Teodorico) en Orleáns, en una batalla en la que Frederico perdió la vida. Algún tiempo después murió Egidio, y le sucedió su hijo Siagrio, fijándose la frontera entre su reino y los dominios visigodos en el río Loire.
Después de la derrota en Orleáns, Teodorico parece haber cambiado de táctica, iniciando una etapa de colaboración con Ricimer y con el Emperador Libio Severo III. Éste murió el 465 pero Ricimer conservó el poder efectivo, y durante unos dos años no se nombró nuevo Emperador.
Seguramente fue la nueva política de colaboración con el Imperio y una eventual alianza con Ricimer, lo que provocó la hostilidad de parte de la nobleza visigoda. Teodorico II fue asesinado por su propio hermano Eurico, quien fue proclamado rey (466). Eurico era partidario de extender sus dominios por La Galia e Hispania. En primer lugar atacó Auvernia, donde gobernaba la nobleza local dirigida por Ecdición (hijo del ex Emperador Avito) y por Sidonio Apolinar (yerno de dicho Emperador).
El 467 Ricimer colocó en el trono (que llevaba dos años vacante) a Flavio Procopio Antemio, enviado por León I de Oriente, y que estaba casado con Eufemia, hija del ex Emperador de Oriente Marciano.
En Dalmacia el gobernador de la provincia, General Marcelino, se había rebelado tras el asesinato de su amigo Aecio (el 454), y desde entonces se gobernaba soberanamente. Marcelino murió el 468 y le sucedió su sobrino Julio Nepote, quien más tarde jugó cierto papel en los acontecimientos que narraremos más adelante.
Después del 469 no se tienen noticias de lo acaecido en el territorio dominado por los suevos, aunque parece probable un resurgimiento nacional y una identificación notable con la población gallego-romana, que les permitió volver a disputar la posesión de las provincias de Hispania a los visigodos (seguramente ya extinguido el Imperio Romano) y obligó a estos a una emigración importante desde La Galia para crear asentamientos que aseguraran la posesión de los territorios de frontera con Suevos, Astures, Cántabros y vascones (probablemente ya después del 490).
El 472 Ricimer entró en conflicto con Antemio y le depuso, colocando en el trono a Anicio Olibrio, quien murió a los cuatro meses. Antes de designar un nuevo Emperador murió el propio Ricimer (finales del 472) y un cortesano llamado Flavio Glicerio se colocó en el trono (473).
El 474 el Emperador de Dalmacia, Julio Nepote, con el apoyo de León de Oriente, marchó desde sus dominios hacia Italia, tomó Rávena, y se proclamó Emperador. Luego avanzó hacia Roma donde estaba Glicerio, lo derrotó y le hizo prisionero (fue liberado pero obligado a tonsurarse). Nepote se oponía a la dominación visigoda en Auvernia y Provenza, por lo cual envió tropas a esta zona al mando del patricio Orestes. Pero éste, en vez de usar las tropas para combatir a los visigodos, se rebeló y marchó contra Rávena donde estaba Nepote, con la intención de destronarlo y proclamarse en su lugar. Nepote, que carecía de fuerzas militares, huyó a Dalmacia (donde se sostuvo hasta su asesinato el 480) y Orestes entró en Rávena y proclamo Emperador a su propio hijo Rómulo Augústulo, menor de edad, conservando él mismo el poder efectivo como regente (475). El nuevo Emperador reconoció a Eurico (475) la posesión de las tierras que dominaban en La Galia, entre el Loire el Saona y el Ródano (en especial la Auvernia) y de facto se reconoció la independencia visigoda.
Orestes confió el ejercito a auxiliares hérulos, cuyo jefe era Odoacro, prometiéndoles la cesión de tierras. Imposibilitado de cumplir su palabra, Odoacro no tardó en rebelarse. Orestes huyó a Pavía pero Odoacro tomó la ciudad, capturando a Orestes que fue ejecutado. Rómulo Augústulo, nominal Emperador, que era un niño poco capacitado, fue perdonado. Aunque Odoacro tomó para sí mismo las insignias imperiales, el Imperio se extinguió de hecho. Basilisco en Oriente reclamó la sucesión (que le correspondía jurídicamente ya que no era admisible que un bárbaro ocupara el trono) y Nepote en Dalmacia conservo el título imperial. Basilisco fue destronado poco después por Zenón (477) quien mantuvo el título de Emperador de Occidente, y Nepote fue asesinado el 480 y sus dominios pasaron en su mayor parte a manos de Odoacro (algunas zonas fueron ocupadas por el Imperio de Oriente), conservándolos hasta que los ostrogodos de Panonia, que empezaron a atacar Dalmacia el 481, se los arrebataron hacia el 489.
El 478 Eurico y los visigodos combatieron contra los Burgundios en el Ardèche, y más tarde (481 a 484) ocuparon el resto de Provenza incluyendo Arles y Marsella. Eurico murió en Septiembre del 484 y le sucedió su hijo Alarico II.
El 486 los francos de Clodoveo (hijo de Childerico y de la reina turingia Bisina) arrebataron a Siagrio sus dominios en la parte septentrional de La Galia (al Norte del Loire). Siagrio se refugió en Tolosa, pero Alarico II lo entregó a los francos, y fue ejecutado. Con ello visigodos y francos pasaron a ser vecinos.
El 489 Zenón de Bizancio, para desviar a los Ostrogodos que amenazaban al Imperio Oriental, cedió a su rey Teodorico el Grande, el Imperio de Occidente, incluyendo el título jurídico de Emperador, renunciando de hecho a la ficción de ser el único Emperador. Teodorico dirigió todas sus fuerzas contra Dalmacia, que fue ocupada (489) y entró en Italia (490) venciendo a Odoacro y sus hérulos a orillas del Isonzo, cerca de Verona, y por segunda vez a orillas del río Adda. Teodorico entró en Pavía, donde fue atacado inesperadamente por los hérulos al mando de Odoacro (490) quien sitió la ciudad. Seguramente los sitiadores hubieran exterminado a los ostrogodos de no ser por una oportuna intervención del visigodo Alarico II, que obligó a Odoacro a retirarse hacia Rávena (Agosto del 490) donde quedó sitiado por Teodorico durante tres años (490-493). A principios del 493, Odoacro y Teodorico llegaron a un acuerdo, pactándose un reparto del poder. Teodorico entró en Rávena (27 de Febrero) y se inició una época de gobierno conjunto, que culminó a los pocos días con el asesinato de Odoacro a manos del propio Teodorico (principios de Marzo), quien además hizo matar a la familia del hérulo, y ordenó una masacre general por sorpresa de las tropas hérulas. Teodorico ya no asumió el título de Emperador. Probablemente en pago de la ayuda prestada por los visigodos, la hija de Teodorico, Tiudigoto, casó con Alarico II (entre el 490 y el 495 aproximadamente), naciendo de dicho enlace un hijo llamado Amalarico (hacia el año 500).
Como hemos visto los visigodos fueron extendiendo su poder. El 457 dominaban probablemente las provincias de Novempopulania y Aquitania Secunda; el 462 ya dominaba la totalidad de la provincia Narbonense Prima; el 466 dominaba la provincia de Aquitania Prima; hacia el 470 dominarían la Viennense y la Narbonense Secunda y el 475 vieron reconocidas todas estas posesiones y de hecho su independencia. Fue seguramente después del 475 cuando pasaron a Hispania. Probablemente hacia el 476 o 477 el conde godo Eldefredo sometió la Tarraconense oriental (la zona costera) y después (¿477 o 478?) parte de la Cartaginense, tal vez con la colaboración del gobernador militar romano (dux) de alguna de las provincias de Hispania. Antes del 481 el conde Gauterico sometió la parte occidental de la Tarraconense (entre el 479 y el 481), avanzando por los territorios ente el Tajo y el Duero hacia la Lusitania, que también pudo pasar a su poder total o parcialmente, aunque se supone que la zona era disputada también por los Suevos, ahora probablemente muy identificados con las poblaciones locales, y que amenazaban la retaguardia visigoda a través de las calzadas romanas que iban desde Braga a Cesaraugusta (continuando hacia Tarraco) pasando por Astúrica, Virovesca, Tritium, Vareia y Calagurris, y por la que iba desde Ocelum Durii hasta Cesaraugusta pasando por Abucella, Clunia, Uxama, Turiasson y Belsione o Belsinum o Balsio, siguiendo en términos generales la línea del Duero. Probablemente entre el 480 o 481 y el 490 la zona central de Hispania fue disputada ferozmente por visigodos y suevos, consiguiendo los primeros un precario dominio. Parece ser que los visigodos avanzaron sin encontrar mucha resistencia y pudieron dominar toda la Cartaginense antes del 483, y también toda o parte de Lusitania. El 483 el visigodo Salla y el obispo Emeritense Zenón reconstruyeron un puente romano sobre el Guadiana en la ciudad Mérida (Emerita Augusta), capital provincial de Lusitania (que con Requiario había sido la capital del reino Suevo), seguramente tras un periodo de luchas entre visigodos y suevos, de bandidaje y de gobierno poco eficaz de los propietarios locales; tal inauguración demostraría que el dominio visigodo quedaba bien asentado, y que quizás no era mal acogido por la población. El dominio visigodo en la Bética por la misma época, aunque algunos historiadores sostienen que hubo de producirse antes de la muerte de Eurico el 484, no es seguro y en todo caso no está documentado.
La obra de consolidación del dominio en Hispania (incluida una eventual dominación, además de en Lusitania y Cartaginesa, de la Bética, lo cual no es seguro) fue realizada en tiempos de Alarico II. Quizás fue más problemática de lo que pudiera pensarse. Ocupado en esta tarea Alarico II consideraría imprudente enfrentarse a los francos para defender a Siagrio, que después de ser derrotado por Clodoveo se había refugiado en la corte visigoda en Tolosa (486) y que fue entregado a sus vencedores, que le dieron muerte.
Para defender las zonas conquistadas al occidente de la Tarraconense y la Cartaginesa, cercanas a las posiciones de los suevos, se trasladarían colonizadores visigodos desde la Galia, y se crearía los numerosos asentamientos en la región que las necrópolis excavadas han dado a conocer. El Cronicón Cesaraugustano sitúa una gran emigración de godos en la última década del siglo, y el hecho es plenamente confirmado por las excavaciones realizadas en toda una extensa área entre Pamplona (al Nordeste), el nacimiento del Tajo (al Sudeste), Carpio de Tajo al Oeste de Toledo (al Sudoeste), y la Tierra de Campos (al Noroeste). Precisamente la comarca de la tierra de Campos, al Oeste del Pisuerga, recibe su denominación del nombre que llevó antiguamente: Campi Gothorum (Campos de los Godos). Aunque Pamplona marca uno de los extremos del territorio, de hecho la practica totalidad de la emigración se estableció al otro lado del Ebro. Estos asentamientos habrían surgido pues entre el 490 y el 500, asegurando toda la zona frente al reino de los Suevos, mientras las fuerzas visigodas dirigían su actividad hacia la Lusitania y la Bética.
La tensión entre Visigodos y Francos fue creciendo al iniciarse el siglo VI, y era evidente el 504. Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos, hizo de mediador entre el franco Clodoveo y el visigodo Alarico II, para evitar la guerra, logrando que ambos reyes se entrevistaran en una isla del río Loire (que marcaba la frontera) cercana a Amboise. Se evitó con ello el inmediato estallido de la guerra pero la tensión no disminuyó. Clodoveo (que era católico) se alió al rey borgoñón Gundebaldo (que era arriano como Alarico II). Finalmente la guerra estalló y concluyó con la batalla de Vouillé, cerca de Poitiers (507), en la que Alarico II fue derrotado y muerto. Francos y Borgoñones o Burgundios avanzaron hacia los dominios visigodos, pero el Ostrogodo Teodorico envió fuerzas al mando del General Ibbas que ocuparon Provenza, impidiendo que la ocuparan los borgoñones (que ya habían penetrado en ella), derrotándolos en el río Durance. Desde Provenza, el general Ibbas entró en la Narbonense o Septimania, en la cual francos y visigodos luchaban ferozmente, especialmente en las cercanías de Narbona (508). Los acontecimientos posteriores se reseñaran en otro capítulo. Únicamente destacaremos que el 508 los ostrogodos descubrieron viviendo entre los visigodos a un noble llamado Eutarico, que se cree que era descendiente directo (nieto o biznieto probablemente) del ex rey ostrogodo Viderico (un niño que pertenecía a línea legitima la dinastía real ostrogoda de los Amalos y que marchó con los visigodos el 375). Eutarico vivía como cualquier noble visigodo y recibió la mano de la princesa Amalasunta, hija de Teodorico.
Fin del Imperio Romano
El 476 se extinguió formalmente el Imperio Romano de Occidente, con un traspaso nominal de soberanía a favor del Imperio Romano Oriental, aunque el hérulo Odoacro tomo el titulo imperial, sin que fuera reconocido no obstante fuera de Italia. El Imperio subsistió en Dalmacia, con Julio Nepote, hasta el 480.
El año 476 el rey de los visigodos Eurico, que ya podía considerarse independiente desde el 475, había ocupado las provincias Narbonense Prima, Viennense, Narbonense Secunda (Provenza) y Aquitania Prima (Auvernia y Berry), y el pueblo visigodo estaba asentado desde el 418, nominalmente como foederatis, en las provincias de Novempopulania y Aquitania Secunda.
Provincias como la Tarraconense, que disponían de una independencia de facto, con débiles vínculos con el Imperio, pasaron a auto gobernarse.
No se sabe exactamente en que año efectuó otras conquistas, pero sabemos que hacia el año 480 (antes del 481) el conde godo Gauterico, enviado por Eurico, cruzo los Pirineos y ocupo Pamplona y Zaragoza. Por la misma época Eurico envió otra expedición al mando del conde Eldefredo hacia la parte costera de la Tarraconense (se discute cual de ellas fue primero, aunque se cree que fue la dirigida por Eldefredo).
Esta expedición hacia la Tarraconense contó con la colaboración del general romano Vicente, que no se sabe si era un general que había pasado al servicio de Eurico, o era el gobernador militar provincial romano de la Tarraconense o de otra provincia de Hispania (en las crónicas se le titula "Dux Hispaniae"). Eurico debió valerse de la colaboración de un general romano (bien como dirigente militar bien como aliado político) para asegurarse la sumisión de los hispano-romanos de la Tarraconense, donde al parecer encontró resistencia, probablemente encabezada por los grandes propietarios romanos o hispano-romanos opuestos a la entrega de dos tercios de la tierra a los godos según la ley de la hospitalitas modificada por los visigodos (de un tercio paso a dos tercios). Si se sabe que Tarraco, la capital provincial, tuvo que ser sitiada y tomada violentamente, iniciando después su definitiva decadencia en beneficio de Barcino (Barcelona), decadencia completada años más tarde por obra de los musulmanes.
En cambio parece ser que Gauterico no encontró resistencia, e incluso es probable que los propietarios vascones o vasco-romanos de la zona de Pamplona ayudaran a reforzar su ejercito, ante el temor de que un nuevo vacío de poder provocara un nuevo periodo de agitación similar a la Bagaudia vivida unos años antes, o bien incursiones de los salvajes montañeses agobiados por la presión demográfica.
No se sabe si toda la provincia Tarraconense se sometió con rapidez (con la mencionada resistencia en Tarraco y quizás algunas otras zonas), pero lo cierto es que el 506 todavía se luchaba para ocupar Tortosa. ¿Fue tomada inicialmente Tortosa y posteriormente se rebeló en ocasión del reparto de tierras?, o por el contrario la resistencia de los hispano romanos fue desplazándose hacia el Sur, buscando el baluarte defensivo del Ebro.
Dirigía la resistencia en Tortosa un hispano-romano llamado Pedro, al que se le otorga el titulo de tiranus (Tirano, o sea el que se titula rey sin título legal para serlo), y esta titulación sugiere que Pedro se habría proclamado soberano en ocasión de la extinción del Imperio y antes de la entrada de los visigodos (o en todo caso habría sucedido a un Emperador o línea de emperadores proclamados en la Tarraconense desde esta fecha), aunque no sabemos si se proclamó únicamente en la región de Tortosa o sus pretensiones abarcaban toda la provincia, siendo dicha ciudad su último baluarte.
Pedro fue vencido y muerto el 506 y la ciudad de Tortosa ocupada, con lo que prácticamente en este momento los visigodos debían dominar la totalidad de la Tarraconense.
Simultáneamente (periodo 476-510, aunque el grueso de la emigración debió llegar entre el 490 y el 510) un numero relativamente importante de godos colonizo las tierras entre el Tajo y el Duero, y entre la frontera de Galicia (en poder de los Suevos) y el Valle del Ebro. En esta región se han excavado numerosas necrópolis godas y probablemente el porcentaje de población goda en ellas fue sensiblemente más alto que en otras tierras de la península Ibérica.
La expedición de GautericoGauterico cruzó los Pirineos procedente de Aquitania probablemente por el paso de Roncesvalles, por la vía de Burdeos a Zaragoza por Pamplona. Esta vez no entraban en Hispania al servicio del Imperio, sino como conquistadores.
Las autoridades vasconas de estas zona se sometieron seguramente sin lucha, ante un ejercito muy superior y en auge, y contra el que difícilmente podían esperar ningún éxito (las ciudades amuralladas, como Tarraco, a pesar de los escasos medios militares de la época que hacían difícil franquear murallas fuertes, fueron tomadas por los visigodos, y las tácticas guerrilleras no era utilizables contra un ejercito potente).
Las aldeas, valles y caseríos vascones disponían de un jefe de guerra (en algunos casos debían gobernarse por medio de Consejos de Ancianos), mientras las ciudades disponían de un gobierno romanizante. Los visigodos tratarían individualmente con los diversos dirigentes su sumisión. Puesto que los visigodos no pensaban establecerse en las tierras del Norte, esta sumisión debía implicar solamente una alianza militar y una vinculación jurídica al dominio real visigodo, y evidentemente un convenio de no agresión. Naturalmente los jefes de aldeas y valles olvidarían pronto sus convenios cuando el ejercito visigodo abandonara el lugar, salvo que les reportaran algún beneficio. En cambio las ciudades seguramente respetaron sus compromisos.
Las ciudades (Pamplona y algunas ciudades del Valle del Ebro) disponían de una administración que en sus aspectos principales era continuadora de la administración romana y consideraban a los visigodos (en proceso de romanización) como aliados imperiales, tal como habían actuado durante años.
Los dirigentes vascones de las ciudades, generalmente propietarios más o menos ricos, no se opondrían a una dominación diferente a la Imperial, pero que garantizara su tranquilidad y sus propiedades. No obstante, como veremos en el próximo capítulo, la nueva dominación reportaba sacrificios importantes a la clase poseedora, en Vasconia y otros lugares.
Debió ser en esta época (hacia el 482) que en el Valle del Ebro y probablemente también en la zona de Pamplona se establecieron los primeros propietarios visigodos, los cuales irían acompañados de sus familias, de sus esclavos y de sus servidores. Algunos autores sospechan que fuera en esta época cuando se estableció en el Valle del Ebro un magnate godo ancestro del conde Casio, que dio origen en el Siglo VII a la familia de los Banu Qasi, de notable influencia en la historia de Pamplona. No obstante ninguna prueba permite asegurarlo.
La instalación de visigodos produjo una emigración de hombres libres (propietarios o no, vascones de habla eusquera o bilingües, con diferentes grados de romanización) hacia el Norte y Noroeste, hacia los caseríos donde probablemente tenían parientes o amigos. Estos territorios, superpoblados y privados desde hacia unos años de la fuente de ingresos que constituyó su participación en los saqueos llevados a cabo en el Valle del Ebro, vivían del robo en pequeña escala en los caminos (escasamente transitados en la zona que ocupaban), del saqueo de las pobres tierras del Oeste, y de una agricultura y ganadería para cubrir las necesidades básicas. Difícilmente se podía absorber mayor población sobre el terreno, sin que se produjera una disminución del nivel de vida, ya deficiente, de estos pueblos.
La influencia de la dominación visigoda de 481-507 en la conclusión de la conquista de Euskadi.
La población de las zonas de vascones libres de Navarra, que debía ser superior a los cuarenta mil habitantes (a grosso modo la Alta Navarra contaba con unos 40.000 habitantes, la Navarra Media con unos 15.000 habitantes y la Baja Navarra con 20.000 habitantes, o sea en total unos 75.000 habitantes). La emigración producida pudo suponer unos centenares de vascones, y la población de las zonas montañosas pudo acercarse a los cincuenta mil habitantes.
Esta afluencia hacia imposible la supervivencia normal en las montañas, y forzó el desplazamiento de los nuevos llegados, o de vascones asentados de antiguo en las montañas, hacia la depresión vasca (la actual Euskadi), donde, a causa de los saqueos que ya duraban varios años, se había producido un despoblamiento acusado de sus poblaciones autóctonas, y donde ya se habían asentado algunos vascones y vasconizados.
Este desplazamiento supuso una catástrofe para Vardulia y Caristia, cuya reducida población no pudo hacer frente a los nuevos llegados, quienes ahora no solo saqueaban y se retiraban, sino que ocupaban las posesiones de los que morían en la lucha o de los que escapaban hacia zonas más seguras.
Várdulos y Caristios huyeron hacia los territorios de los Autrigones, Cántabros, Berones y Turmogos. Los que no huyeron fueron asesinados, esclavizados o acabaron fundiéndose entre los invasores. El ataque se reprodujo más tarde hacia Autrigonia, especialmente en la zona costera, probablemente ya en el siglo VI.
Se supone, por ejemplo, que los habitantes de la ciudad de Tulonium, en los llanos de la actual Álava, se refugiaron en la Sierra que hoy lleva el nombre de Tulonio; este caso, salvado del olvido histórico por la toponimia, no debió ser el único.
Sobre todo a las tierras de Berones y Autrigones, pueblos con un grado medio de romanización, llegaron las gentes procedentes de Vardulia y Caristia, no muy numerosos, que acabaron fundiéndose pacíficamente con ellos, y cuyas tierras parece que se llamaron Autrigonia.
A su vez el pueblo resultante se fundiría también pacíficamente con los Berones y Turmogos y quizás algunas tribus Cántabras, formándose un conjunto territorial, que en el Siglo VI fue conocido por el topónimo regional de Vardulia.
Así pues la última generación vascona del Siglo V se asienta sobre el terreno, sin olvidar el saqueo, que probablemente realizaban hacia tierras más occidentales (Autrigonia y Cantabria). Los grandes propietarios de la región siguen la suerte del conjunto, y como ellos son asesinados u obligados a huir, abandonando sus explotaciones que pronto entran en decadencia.
No cabe duda de que en este asentamiento tuvieron una notable incidencia sociológica los vascones emigrados de la zona bajo dominio visigodo, más sedentarios y apegados a la tierra. Sin duda no fue este el único motivo; la pobreza extrema de su lugar de procedencia, la existencia de mejores tierras, el encontrar parte del trabajo hecho, y otras causas, favorecieron el asentamiento permanente. Veremos más adelante como la sedentarización se reproduce cien años después cuando los vascones se establecen en Aquitania, con motivo de la segunda dominación visigoda.
El asentamiento en la actual Euskadi no fue positivo a corto plazo. El territorio había sido expoliado por los saqueos previos, los que se asentaban carecían de experiencia, de mano de obra adecuada, de utensilios para trabajar la tierra y de unidad. Sus costumbres salvajes combinadas con estos factores, no tardaron en degradar la situación, y al cabo de unos años la miseria de estas tierras no era inferior a la de sus montañas de procedencia. Por ello estos pueblos no pudieron cesar en sus correrías y saqueos.
Aproximadamente unos veinte mil vascones se establecerían sobre todo en Vardulia y Caristia y más tarde unos miles más en Autrigonia. La población total de las tres regiones ocupadas era probablemente inferior a los cincuenta mil habitantes, y seguramente quedó reducida a la mitad o menos, que en situación de inferioridad, acabaron absorbidos en el conjunto de los invasores, y se vasconizaron, o bien emigraron.
Consolidación de la dominación visigoda
Controladas Pamplona y Zaragoza, y probablemente otras ciudades y fortalezas de la zona, el dominio visigodo en la Tarraconense occidental (Convento jurídico Cesaraugustano) se consolida en los años siguientes al 481.
Como los godos eran arrianos probablemente un obispo arriano se instaló en Pamplona para atender a las necesidades espirituales de la población de origen visigodo establecida en la zona o que pasaba en ella algún tiempo (soldados esencialmente). La población debía ser en su inmensa mayoría pagana, con un porcentaje significativo de cristianos en la zona del Valle del Ebro, donde las ciudades estaban totalmente (o casi) cristianizadas.
El poder visigodo en expansión aseguró el control de la zona al Norte y Sur de los Pirineos hasta el Ebro, y principalmente de las vías de comunicación romanas, de las que Pamplona era paso casi obligado.
Causas de oposición al dominio visigodo
Para los propietarios la causa principal de oposición fue el reparto de la tierra, que después estudiaremos brevemente. Pero hay que considerar, además, la permanencia de las cargas fiscales (como después veremos las leyes que dictaban los visigodos se aplicaban únicamente a los ciudadanos de esta nacionalidad, mientras que los ciudadanos "romanos", vascones en este caso, mantuvieron sus leyes anteriores).
Pero en general debía haber otros causas más profundas y menos mercantilistas: por un lado la tradicional oposición de los vascones a la dominación exterior; por otro los visigodos representaban un regreso de la romanidad, y la reacción contra Roma aun debía ser bastante viva (habían pasado unos setenta años). ¿Quienes huían del dominio visigodo?. Probablemente huían hacia el Norte y Noroeste, tres grupos principales:
El gobierno de las ciudades
- Los esclavos fugitivos, que podían ser apresados al existir un poder fuerte.
- Los hombres libres que vivían de la delincuencia. Con ellos sus familias, y a veces, si los poseían, sus esclavos.
- Los hombres libres sin tierra que temen el servicio a un nuevo amo "bárbaro". También se llevan con ellos a sus familias.
- Los propietarios (generalmente pequeños) que temen perder sus tierras, o que las poseen con títulos dudosos. También llevan con ellos a sus familias, y a sus esclavos si los poseen.
- Los esclavos de los grandes propietarios, que aprovechan la confusión para librarse de amos o dueños poco satisfactorios.
- Los que se habían destacado en la oposición a los visigodos cuando estos actuaron al servicio de Roma.
- Otros por diversas causas.
Nada sabemos del gobierno local de Pamplona, pero se supone que hasta el 409 al menos, y probablemente hasta el 481, mantuvo un poder de estructura romana, dirigido por vascones más o menos romanizados. La estructura del poder en las ciudades romanas la hemos estudiado brevemente en los capítulos correspondientes.
Por sus características urbanas Pamplona disponía de un gobierno dirigido por dos duunviros, cuyo cargo era anual y que desde el siglo IV correspondía a determinadas familias (Curiales, con cierto nivel de riqueza) en forma hereditaria. El ejercicio de determinadas funciones suponía alcanzar ciertos títulos de la baja nobleza, pero a pesar de ello las cargas que suponía el ejercicio de cargos ciudadanos, hacía que las familias curiales a las que correspondían los mismos, intentaran por todos los medios desprenderse de su condición hereditaria o del cargo en sí. Pero cuando lo lograba, la condición de curial pasaba hereditariamente a otra familia.
El progresivo acaparamiento de la propiedad inmobiliaria por vascones poco romanizados, proceso acelerado después del 409, llevo a estos vascones al ejercicio del poder local, al que accedieron (seguramente a menudo contra su propia voluntad) en diversas formas, algunas de las cuales han sido señaladas en capítulos anteriores.
El poder dual en Pamplona duraba varios siglos. Seguramente desde el siglo I d.C., o sea unos cuatrocientos años. Un cierto aislamiento de Pamplona, periódicamente reproducido (segunda mitad del siglo III, primera mitad del siglo V), pudieron conceder a la tradición del poder dual ciudadano una cierta relevancia, y la condición de capital de una extensa zona (apenas quedaban ciudades en tierras vasconas, y en todo caso Pamplona ocupaba una posición central y ejercía su influencia sobre un área relativamente grande) conferiría a estos duunviros el carácter de gobernantes locales autónomos a medida que la autoridad del Imperio menguaba. La tradición dualista del poder en Pamplona pudo perdurar durante varios siglos, favorecida por los nuevos aislamientos de los siglos siguientes.
Seguramente la pacificación posterior al 441 comportó una dominación de Pamplona (y de las vías de comunicaciones) por las fuerzas godas al servicio del Imperio y de las autoridades romanas de la Tarraconense, y pudo mantenerse plenamente un gobierno de tipo romano, que seguramente no había desaparecido nunca, pero si había quedado reducido en sus atribuciones y en su autoridad. Aun en el caso de que no existiera dominación militar directa, la influencia de las fuerzas militares godas en la región, impondría el pleno funcionamiento del poder local romanizante en Pamplona. No obstante los visigodos dejaron el servicio del Imperio el 457, y a partir de esta fecha el mantenimiento del orden hubo de ser asegurado por milicias locales.
El establecimiento de godos hacia el año 480 debió suponer el establecimiento de un comites (conde) godo, cuyas funciones veremos en un próximo capítulo, y que tenía jurisdicción únicamente sobre su comunidad germana, mientras que la población local "romana" (vascona en este caso) podía mantener su gobierno para los asuntos de su comunidad. El gobierno existente en las ciudades dominadas por los visigodos se mantuvo esencialmente en todos los lugares que dominaron, y así debió ocurrir en Pamplona, aunque allí el dominio godo pudo ser más precario, y la administración local podía haber sufrido algunos cambios en los años de Bagaudia (409-456) y en los últimos años del Imperio (457-480) cuando la sujeción de muchos territorios al poder imperial dependía de la presencia de fuerzas bárbaras que auxiliaran a las milicias romanas (como sabemos no hubo fuerzas visigodas en la Tarraconense después del 457 y hasta el 476, y en todo caso se recurriría a fuerzas irregulares de bárbaros que luchaban a sueldo).
Resumen de la situación en el siglo VResumiremos brevemente la situación en los últimos años del siglo V, con la desaparición del Imperio, seguido muy poco tiempo después (menos de cinco años como máximo y probablemente solo dos o tres años) de la toma del poder político por los visigodos, que entraron en Vasconia procedente de sus asentamientos en las provincias del Sur y del Centro de Las Galias.
Las ciudadesLa decadencia a que había llevado la situación social desde finales del Siglo III, no fue remediada con la entrada de los godos, pero el poder de las ciudades mantendría sus estructuras invariables.
La desaparición del Imperio el 476 (con un traspaso teórico al Imperio de Oriente) no tiene ninguna incidencia en la vida de las ciudades, y no se produce ninguna modificación hasta que los visigodos establecen su dominio antes del 481. De las ciudades visigodas hablaremos más extensamente en un próximo capítulo.
Las montañas
Roma nunca había dominado totalmente el país de los vascones, y las inaccesibles zonas montañosas del Norte y Noroeste se mantuvieron libres de hecho aunque jurídicamente en el Imperio. Pero los romanos llegaban a muchas zonas rurales hasta mediados del siglo III, con las que después ya no existió contacto. Las zonas libres de hecho tienen pues una ampliación en el Siglo IV, pero sobre todo el en siglo V, cuando solo las ciudades situadas en las vías romanas conservan unos restos de poder romanizante (ejercido por vascones) mientras casi todo el resto del país queda dominado por los vascones libres, bien integrantes de bandas organizadas (Bagaudas) dirigidas por un jefe, o bien gobernándose por el sistema tradicional vascón con un Consejo de Ancianos y un jefe de guerra cuando es necesario.
Bajo una tremenda presión demográfica, los vascones libres hubieron de aliarse a los vascones de las ciudades para asolar la zona del Valle del Ebro. En esta región centenares de personas serían capturadas y llevadas como esclavos a territorio vascón, contribuyendo a intensificar la romanización de la Baja Navarra (la más romanizada) y de la Navarra Media.
Desde el 456, dominadas por los romano-godos las vías de penetración hacia el valle del Ebro, y diezmadas las bandas bagaudas, los restos de estas y los vascones libres se dirigen hacia el Oeste, el actual Euskadi, saqueándolo durante años, y donde después debieron asentarse.
El campoLos vascones del Centro y Sur de Navarra que en el siglo III estaban en franco proceso de romanización, recuperarían durante el siglo IV sus costumbres vasconas y la romanización se detuvo. El proceso se acentuaría después del 409, con la emigración (a veces huida) de algunos propietarios romanos o romanizados hacia zonas más seguras, y la huida de esclavos y colonos hacia zonas montañosas. Pero a mediados del siglo V debió frenarse la tendencia al aportarse a la Baja y Media Navarra un contingente notable de esclavos capturados en el Valle del Ebro, totalmente romanizados. Existiría pues un intercambio de poblaciones romanizadas entre el Sur y centro de Navarra (emigración primera mitad del siglo V) y el Valle del Ebro aragonés (inmigración primera mitad del siglo V).
Los vascones libres del campo, normalmente pequeños propietarios siguieron cultivando sus tierras para uso personal (sin producir prácticamente excedentes), y se dedicaban también a la caza. Buena parte de los vascones, sobre todo en la Navarra Media, se dedicaban a la ganadería.
Los pequeños propietarios libres cuyas tierras se situaban cerca de las ciudades, solían vivir en ellas. Además de trabajar de la tierra y cuidar a los animales (ellos mismos y sus familias) podían realizar trabajos para propietarios medianos o grandes.
Los vascones de las ciudades que poseían tierras en el campo (en general medianos propietarios, ya que los grandes propietarios no vivían casi nunca en las ciudades sino en los fundos) habitualmente vivían en ellas (habían de ejercer los cargos curiales a los que su condición hereditaria seguía obligándoles), y se valían para trabajar las tierras de esclavos, colonos, aparceros y jornaleros, practicándose en estas haciendas una agricultura a mayor escala, y disponiéndose casi siempre (aun no tratándose de explotaciones ganaderas) de animales como cerdos, gallinas, cabras, etc... Aunque la explotación agrícola estaba mejor llevada, los excedentes producidos eran pequeños, sobre todo debido a la baja calidad de los trabajadores y a la falta de herramientas y útiles necesarios, pero también, a menudo, por la pobreza del suelo.
La religiónAunque en el Siglo III debió iniciarse la penetración del cristianismo, esta se detuvo en el Siglo IV salvo en la zona del Valle del Ebro, y no se recupero hasta mediados del Siglo V posiblemente por la influencia de los esclavos traídos del Valle del Ebro, afectando al Sur de Navarra y levemente a la zona central. El resto del país se mantenía pagano a la entrada de los visigodos hacia el 480.
La lenguaEn el siglo III la lengua de los vascones se mantenía en el Norte, estaba en retroceso (en las ciudades prácticamente desaparecida) en el centro, y era minoritaria en el Sur de Navarra (inexistente en las ciudades). Pero en el siglo IV se invirtió la tendencia, y prevaleció en el centro (volviendo a hablarse en las ciudades), aumentando en el Sur, en una tendencia continuada con vigor hasta el primer cuarto del Siglo V.
A partir de entonces la aportación de poblaciones romanizadas hizo que el vascón casi desapareciera del Sur de Navarra (el proceso de desaparición en esta zona culmino el Siglo VI) aunque se mantuvo como mayoritario en el Centro. En el Norte y Noroeste era la lengua de prácticamente la totalidad de los habitantes.
La pérdida de influencia de la lengua vascona en el Sur de Navarra se compenso con su extensión hacia Vardulia, Caristia y Autrigonia, de donde casi desapareció el latín.
La tribalización de los vascones
La tribalización de los vascones libres es un proceso complejo y nada documentado, pero que debió producirse entre los siglos IV y VI.
Intentaremos profundizar en el tema, siendo las líneas que siguen una meta opinión, y en ningún caso deben ser admitidas como hechos más o menos comprobados.
Los vascones constituyeron una tribu territorial de la que se discute si surgieron otras tribus como los Várdulos y Caristios. El inicio de la romanización, en todo caso, detendría el proceso de subdivisión en tribus menores surgidas del tronco vascón, manteniéndose no obstante diferencias regionales, como los iacetanos, los ilumberitanos, los aracelitanos y otros. La imposición uniformista de los romanos no permitía la formación de grupos tribales en el estricto sentido del termino, y progresivamente la difusión de la cultura romana a rincones aislados (en el siglo II) facilitaba la desvinculación de parte de los montañeses libres del concepto tribal, e impedía que pudieran formarse agrupaciones superiores a la aldea, caserío o valle, que dieran origen a una tribu. Su aislamiento impedía incluso el contacto con otros núcleos de vascones montañeses y descartaba toda posibilidad de estructuración tribalizadora, constituyendo cada núcleo una unidad con nulos o escasísimos vínculos con las demás.
El bandidaje de finales del siglo III y principios del IV hizo surgir grupos formados por gente de diversa procedencia social, étnica, lingüística y geográfica, que agrupados durante años, y aumentando su numero al vivir en familia, derivaron en verdaderas tribus con características propias, aunque numéricamente poco importantes. Estas "tribus" tenían como base un territorio determinado, elemento esencial para el desarrollo como grupo. En su área de influencia se situarían aldeas, tanto de montañeses como de vascones en proceso de romanización.
Aunque los bandidos acabaron exterminados, algunos sobrevivientes se fundieron con los montañeses, y facilitaron los contactos de las aldeas de vascones libres antes aisladas absolutamente, con otras aldeas de la zona, generalmente de vascones salvajes (aunque quizás también con las aldeas dependientes de ciudades), creándose una vinculación más extensa, con ciertos lazos económicos y familiares.
Hacia el 409, ciertas zonas montañesas ya debían constituir el embrión de tribus. Existiría un sentimiento de unidad e interdependencia entre diversas aldeas, que cooperaban activamente en diversos aspectos de la vida, y entre cuyas gentes se habían creado vinculaciones de tipo familiar. El carácter territorial de la tribu en formación podía ser transitorio y eventualmente podía cambiar de ubicación. Pero no hubiera derivado probablemente en la formación de tribus a corto plazo de no haber existido el fenómeno de la Bagaudia.
En el siglo V la actividad de los Bagaudas permitiría ciertas alianzas, a nivel individual, de aldea o de grupo de aldeas. Cuando una determinada región, con vínculos entre sus diversos poblados, formalizaba una alianza, y participaba en actividades bélicas (saqueos y depredaciones), las diversas jeferías (Consejos de Ancianos de las aldeas) designaban a un Jefe de guerra, cargo que debía recaer en algún notable que hubiera destacado por su valentía. La actividad guerrera creaba unos lazos muy fuertes entre grupos, que acelerarían el proceso de tribalización.
La estabilidad de las alianzas durante un largo periodo en el siglo V, contribuyó decisivamente a que se franqueara el paso que llevaba a la tribalización de los vascones. Ahora los vascones montañeses ya no constituían un grupo regional, sino que de hecho constituían diversas tribus o sub tribus, mientras que los restantes vascones quedaban divididos de facto en dos grupos diferenciados: los romanizados (asimilados a cualquier habitante de otras regiones de la provincia y aun de otras provincias) y los romanizantes (que aunque vascones de raza, lengua, habían adoptado ciertas costumbres y hábitos romanos).
Estas unidades tribales en formación tendían además a proveerse de un ámbito territorial aunque no siempre estable. El peso especifico de los bagaudas en los sentimientos primarios de unidad limitada, no es en absoluto despreciable. Por su formación los bagaudas trasplantan al cerrado mundo montañés unos estadios superiores de ínter vinculación y acrecientan los lazos entre las poblaciones de cada comarca. Aunque su numero es relativamente pequeño debieron influir notablemente entre los pobladores del entorno donde actuaban. Una banda bagauda media solo contaría con unos cien hombres, si bien sumando a sus familias (a veces los bagaudas llevaban con ellos a sus familias, cuando las tenían, pero a menudo formaron estas familias de su unión con mujeres montañesas), el número empezaría a ser significativo, especialmente si el número de bandas era considerable, si bien probablemente no fueron nunca más de una docena; además en las bandas seguramente colaboraban ancianos, familiares que vivían en aldeas y ciudades, huérfanos, hombres libres que no querían tomar las armas, y otros, que aunque no convivieran en los campamentos, se comunicaban con los bagaudas y a través de ellos transmitían a los montañeses su visión de la vida.
Las tribus vasconas, como otras muchas tribus en el mundo, se formaba pues de la unión de diversas familias entre sí (con una vinculación inicial normalmente no sanguínea) y de poblados también entre sí, fundiéndose las grandes familias surgidas de la unión de familias individuales, con las múltiples familias que resultaban de la unión de varios poblados (con una población cada uno a su vez de varias familias a menudo surgidas de la ramificación de una sola). El clan como institución familiar extensa (formado por familias diversas pero con un ancestro común) no parece haber tenido vigencia entre los vascones.
El gobierno de estas agrupaciones tribales en tiempos de paz correspondería a un Consejo de Ancianos, probablemente los cabezas de familia de todas las familias de la tribu, ocupándose básicamente de los asuntos civiles y penales. En tiempos de guerra seguirían asumiendo estas funciones, pero la actividad bélica estaba encargada a un Jefe de Guerra, cargo unipersonal, para el que cada tribu solo nombraba a un guerrero. Cuando dos o más tribus se aliaban para la guerra, se debía elegir un único jefe de guerra para todas ellas, consensuado. Según parece el cargo de Jefe de Guerra raramente era hereditario.
La economía tribal ponía como elementos comunes los resultados de los saqueos, la caza y la pesca fluvial, no siendo posible determinar si los jefes tenían una participación mayor. En todo caso del producto había que descontar a veces los "tributos" que debían satisfacerse a otras tribus o poblados para atravesar sus tierras, por su ayuda, su protección, suministros, etc...
El proceso de tribalización parece haber afectado a una población de alrededor de treinta mil personas, con entre mil y mil quinientos individuos por tribu.
En el ámbito geográfico la tribalización afecto básicamente a los vascones de las zonas montañosas, al Oeste y al Norte de Navarra, con elementos individuales de la zona de la Navarra Central. En la Navarra del Sur y del Sudeste, muy romanizada, la estructura de la sociedad estaba muy distante de procesos de tribalización. Pamplona y las zonas en contacto con las vías romanas, aun dominadas por elementos étnicamente vascones, estaba en proceso de conformar un grupo regional, pero el estrecho contacto con otras regiones hacia imposible un proceso de tribalización en sentido estricto.
Fue una parte de estas tribus (a las que se unirían los que huían de la dominación visigoda) las que tras un periodo de saqueo y destrucción en Vardulia y Caristia, se trasladó a estas regiones y se asentó en ellas. Otras marcharon después a Aquitania. Algunas que permanecieron en Navarra se organizaron cada vez más en el orden interno, y externamente giraron en la órbita de Pamplona, en un juego muy extenso en el tiempo de colaboraciones, alianzas, intercambios, etc..., que acabará por estructurarlas en una unidad de la que escaparan las tribus vasconas asentadas en la depresión vasca y en Aquitania.
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